El trofeo que esperó 22 años: historia y significado
Veintidós años después, el club volvió a la cima. La Premier League, esa obsesión que se había convertido casi en un mito generacional, ya descansa por fin en la vitrina, con la temporada 2025/26 grabada en su base. El viaje terminó en Selhurst Park, pero la historia del trofeo que levantó Martin Odegaard va mucho más allá de una simple foto con confeti.
La escena fue nítida: Odegaard alzando la copa hacia el cielo de Londres, rodeado por sus compañeros, mientras la grada visitante rugía. Días después, el mismo trofeo recorrió las calles en un desfile de campeones que el club llevaba más de dos décadas esperando. Ahora, con la copa asegurada bajo llave, vale la pena detenerse en lo que realmente sostiene cada capitán cuando toca la gloria.
Un peso que se siente en los brazos
No es solo metal brillante. Es una pieza que se hace notar. Cada jugador que lo levantó ante la afición sujetó 9,5 kilos de historia, algo más de una piedra y cuarto. Un peso que, tras una temporada entera de desgaste, se siente casi ligero por la adrenalina… pero que en frío exige brazos firmes.
Cuando se suma la base grabada, el conjunto se dispara hasta los 25,4 kilos, unas cuatro piedras. Ahí ya no hablamos solo de un trofeo: hablamos de la memoria completa de la competición, de 1993 hasta el nombre recién añadido del campeón 2025/26.
Altura de campeón
En las fotos parece manejable. En directo, impone. Desde la base hasta la punta de la corona, el trofeo alcanza los 104 centímetros de altura, unos 3 pies y 5 pulgadas. Ancho, robusto, con 61 centímetros de lado a lado, se planta como una figura central en cualquier sala de trofeos.
Y no hay solo uno. Existen dos trofeos de Premier League, idénticos, ambos con el anillo de campeones rodeando la base. Uno vive con el campeón durante la temporada. El otro permanece bajo control de la organización, listo para actos oficiales, exhibiciones y, cuando hace falta, para estar presente en el estadio el día decisivo.
Una joya con leones y piedra africana
La base no es un simple soporte. Es un pedestal cargado de símbolos. Está hecha de malaquita, una piedra semipreciosa procedente de África, con un verde intenso que representa el terreno de juego. Esa franja de color, opaca y contundente, es el recordatorio de que todo empieza sobre el césped.
El cuerpo principal del trofeo lo firma Asprey London, los joyeros de la Corona. Plata de ley maciza para la estructura, coronas fundidas en plata dorada de 24 quilates en la parte superior. No es solo un objeto deportivo: es artesanía de lujo al servicio del fútbol inglés.
El diseño responde a una idea clara: “The Three Lions of English Football”. Dos leones dorados flanquean los costados de la copa. El tercero aparece cada temporada, cuando el capitán campeón coloca las manos en las asas y la eleva al cielo. En ese instante, el jugador se convierte en el “tercer león” del emblema, completando el relato visual del trofeo.
Un préstamo de gloria
Ser campeón de la Premier League no significa quedarse con la copa para siempre. Es un préstamo de prestigio. Durante la temporada, uno de los dos trofeos permanece en manos del club. Acompaña celebraciones, actos con aficionados, visitas al estadio y recorridos por la ciudad. Es la prueba física, tangible, de un año perfecto.
Pero el acuerdo es claro: el club debe devolver el trofeo a la Premier League al menos tres semanas antes del último partido de la siguiente campaña. Entonces, la copa vuelve al circuito oficial, lista para coronar a un nuevo campeón… o para regresar a las mismas manos si el título se defiende con éxito.
De momento, el trofeo reposa en la vitrina, reluciente, con el nombre del campeón recién grabado en la base de malaquita. La pregunta ya no es cómo se siente levantarlo por primera vez, sino cuánto tiempo tardará el club en volver a hacerlo.






