Neymar regresa entre lágrimas a la selección de Brasil
La noche en Miami no fue solo un 3-0 rutinario de Brasil sobre Escocia ni un trámite para asegurar el primer puesto del grupo. Fue el día en que Neymar volvió a vestirse de verde y amarillo después de 981 días. Casi tres años de espera, dudas y dolor comprimidos en unos minutos de juego y en un llanto imposible de disimular al sonar el pitido final en el Miami Stadium.
Tenía 34 años cuando volvió a cruzar la línea de cal con la camiseta de la selección. Entró en la segunda parte, sustituyendo a Matheus Cunha, y con ese simple gesto cerró una ausencia que se remontaba a octubre de 2023. Demasiado tiempo lejos de su escenario favorito.
Un regreso marcado por las cicatrices
El camino de vuelta de Neymar ha sido un calvario. Una rotura de ligamento cruzado anterior, recaídas musculares, problemas de isquiotibiales. Lesiones que no solo pusieron en riesgo su temporada, sino que llegaron a cuestionar su presencia en este torneo.
Por eso la imagen al final del partido lo dijo todo. Abrazos, compañeros rodeándole, la figura de Ronaldinho sumándose al círculo, y el delantero rompiéndose en lágrimas en pleno césped. Más tarde lo reconoció sin rodeos: estaba llorando ya en el vestuario, agradecido por poder ayudar de nuevo a su país y desbordado por la emoción del regreso.
La escena no fue impostada. Era el peso de casi mil días fuera del foco de la selección descargándose de golpe.
Un Neymar humano, todavía oxidado
El contexto era emotivo, pero el balón no entiende de nostalgia. Y el partido dejó claro que Neymar todavía está lejos de su pico competitivo.
Carlo Ancelotti lo colocó como falso nueve, flotando entre líneas, pero sus primeros minutos resultaron espesos. Le costó entrar en el ritmo, perdió nueve balones, se enredó en conducciones largas, tocó de más cuando la jugada pedía sencillez. El cuerpo le recordaba que la élite no espera a nadie.
Con el paso de los minutos, sin embargo, el viejo instinto empezó a asomar. El máximo goleador histórico de la selección comenzó a encontrar zonas de influencia, a girarse con algo más de soltura, a pisar el área con decisión. Probó a Angus Gunn con un disparo potente que obligó al portero escocés a intervenir con reflejos y dejó una tarjeta de presentación clara: la pierna sigue teniendo veneno.
También desde la esquina dejó su sello. Un saque de esquina tenso, al corazón del área, estuvo a punto de convertirse en el cuarto gol de un equipo que ya jugaba con la confianza de quien se sabe clasificado y dominante.
No fue una exhibición. Fue un primer paso. Y, a estas alturas de su carrera y de su cuerpo, eso ya es mucho.
Del Santos al desafío de volver a pertenecer
El regreso de Neymar a Santos, en Brasil, tampoco fue un cuento de hadas. El club coqueteó con el descenso en la última liga doméstica y el atacante vivió una temporada de supervivencia más que de lucimiento. A partir de ahí, las dudas crecieron: ¿seguía teniendo físico para este nivel? ¿Podía sostener el ritmo de una gran competición?
Ancelotti decidió responder con confianza. Lo llamó, lo protegió en el discurso y lo integró en un grupo que mezcla descaro juvenil con jerarquía veterana. No le prometió un trono, pero sí un lugar.
Porque la realidad de esta nueva Seleção es distinta. El ataque ya no orbita exclusivamente alrededor de Neymar. Vinicius Jr, Raphinha, Matheus Cunha y compañía marcan el pulso de un frente ofensivo rápido, agresivo, hambriento. En ese ecosistema, el 10 ya no es el sol alrededor del cual gira todo. Es una pieza más. Importante, sí, pero no indiscutible.
Todo apunta a que su papel en las eliminatorias será el de apoyo de lujo, recurso táctico y emocional, más que figura central. Un cambio de rol que también medirá hasta qué punto Neymar está dispuesto a reinventarse para seguir siendo útil.
Brasil cumple, Neymar reaparece y el torneo se enciende
En lo colectivo, Brasil respondió a su cartel de favorito. El 3-0 ante Escocia confirmó la superioridad del equipo de Ancelotti en el Grupo C y aseguró el liderato por delante de Marruecos. Sin sobresaltos, sin necesidad de forzar la máquina, con esa mezcla de energía joven y experiencia curtida que tanto seduce en un torneo corto.
El premio al primer puesto no es menor: un cruce en octavos de final ante el segundo del Grupo F, donde se miden Países Bajos, Japón y Suecia. Un menú variado, sin rivales sencillos, pero perfecto para calibrar de verdad hasta dónde puede llegar esta versión de la Canarinha.
La cita ya tiene fecha y escenario: Houston, lunes 29 de junio. Brasil llegará con la confianza de un líder invicto y con un viejo conocido intentando ajustar cuentas con su propia historia.
Neymar ya ha vuelto. La pregunta, ahora, es cuánta influencia le queda en un equipo que ha aprendido a ganar también sin él.






