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Haaland y Mbappé: La rivalidad que aún no brilla

Durante años, el fútbol se acostumbró a vivir entre dos polos: Lionel Messi y Cristiano Ronaldo. Cada fin de semana, cada Clásico, cada sorteo de Champions parecía una nueva escena de una saga interminable. Con Erling Haaland y Kylian Mbappé, el guion es distinto. El talento está ahí, las cifras también. Lo que falta es el escenario.

Hoy, uno domina la Premier League con el Manchester City camino de convertirse en icono del campeonato inglés. El otro se presenta como la nueva gran estrella de Real Madrid, heredero natural del linaje de los Galácticos en LaLiga. Dos mundos, dos ligas, dos ritmos. Y casi nunca frente a frente.

El contexto pesa. El City, pese a su dominio reciente, no despierta la misma pasión global que otros gigantes de la Premier. Su éxito, ligado al respaldo de Abu Dabi, genera respeto, pero también cierta indiferencia entre muchos neutrales. El Madrid, en cambio, vive instalado en el imaginario colectivo desde hace décadas, con una historia que trasciende generaciones.

Con Messi y Cristiano todo era más simple: ambos en España, en plena era de duopolio. Barça y Madrid se repartían el poder, LaLiga giraba en torno a ellos y el Clásico era un choque de planetas. El ambiente lo inflamaban personajes como José Mourinho o Sergio Ramos, y la Champions añadía capítulos memorables. La sensación era clara: se medían cada tres semanas, se vigilaban, se respondían.

Con Haaland y Mbappé no ocurre eso. Solo coinciden en la Champions y en la carrera por la Bota de Oro europea. No hay una liga compartida, no hay un Clásico que marque el calendario mundial. El duelo existe, pero no termina de despegar.

El factor selección también ha frenado la narrativa. Hasta hace nada, Noruega vivía en la irrelevancia internacional. Este es el primer gran torneo de Haaland con 25 años. Un dato demoledor. Mbappé, en cambio, afronta ya su quinta fase final. Ha sido el motor de una Francia que llega como candidata en cada cita, con un Mundial levantado en 2018 cuando él aún era un adolescente.

Mientras Messi y Cristiano se peleaban por Eurocopas, Copas América y Mundiales con selecciones aspirantes reales al título, Haaland ni siquiera estaba invitado a la mesa. Faltaba una pieza clave del relato. Esta vez, sin embargo, Noruega se presenta como posible tapado. Si el equipo nórdico logra dar un golpe sobre la mesa, la rivalidad podría ganar una dimensión que hasta ahora no ha tenido.

Entre ellos, el respeto es evidente. Nada que ver con el misterio permanente que rodeó la relación Messi-Cristiano, siempre envuelta en silencios, gestos fríos y rumores de antipatía. Haaland y Mbappé se elogian sin complejos.

En 2023, en Canal+, el noruego se deshizo en alabanzas hacia el francés: “Es tan fuerte. Los franceses son muy afortunados de que juegue para Francia. Me gustaría que jugara para Noruega, obviamente, pero no es el caso. Es un jugador increíble. Es tan rápido, tan fuerte y lo ha hecho durante tantos años. ¿Qué es? ¿Dos años mayor que yo? Es una locura. A veces tienes que decirte que todavía le quedan 10 años al máximo nivel. Es fenomenal”.

No es solo cuestión de carácter. También de estilo. Haaland es un nueve puro, un depredador de área. Vive del espacio a la espalda, de los desmarques al límite, de los centros tensos al punto de penalti. Es la definición moderna del rematador total.

Mbappé juega otro partido. Ha sido extremo izquierdo, ha volado por la derecha, ha actuado de punta. Su fútbol nace en la banda, con arrancadas imposibles, cambios de ritmo y disparos que pueden llegar desde casi cualquier ángulo. Su radio de acción es mucho más amplio.

Messi y Cristiano también eran diferentes, pero durante sus picos de rendimiento compartían hábitat: partían desde la banda, atacaban desde los costados, definían desde posiciones similares. El aficionado podía comparar jugada por jugada, gol por gol. Con Haaland y Mbappé, la comparación se vuelve más difusa.

El propio Mbappé lo subrayó en 2022: “No he jugado solo arriba. He jugado a la izquierda y a la derecha. Con toda modestia, no creo que nadie sea capaz de cambiar de posición así cada año y mantener un gran rendimiento al máximo nivel”. Una frase que define bien su particularidad y, de paso, marca distancia con el molde clásico del nueve.

Ambos también huyen del cartel de “nuevos Messi y Cristiano”. Y tienen motivos. Las cifras de los dos gigantes son casi irrepetibles: más de 900 goles cada uno, 81 títulos entre ambos, una colección de noches históricas que parece inabarcable. Haaland lo dejó claro en 2023, en France Football, cuando le preguntaron si él y Mbappé eran la nueva gran dupla del fútbol mundial: “Eso es lo que todos piensan, pero hay que recalcar lo locas que son las cosas que han hecho Messi y Cristiano. Y siguen haciéndolas, aunque sean mayores. Siguen siendo fantásticos. Yo nunca me veo contra otros jugadores. No es mi forma de ver las cosas. Me centro en mí mismo, intento ser mejor cada día, seguir disfrutando y ser la mejor versión de mí”.

Mbappé fue igual de contundente antes de un partido del Mundial contra Irak: “Messi es el mejor jugador, junto con Cristiano, eso está claro. Yo intento ayudar a mi equipo a ganar otro Mundial. El resto es debate para periodistas. Ahora mismo no pienso en Haaland. Lo que quiero es llevar el trofeo a casa. No estaré aquí con 40 años; me habrán echado antes. No hago planes de futuro; solo pienso en el presente y en disfrutar del Mundial”.

Aun así, la Champions se ha encargado de mantener la llama encendida. Sus duelos continentales ya han dejado cicatrices.

El primer cruce llegó en los octavos de la temporada 2019-20, con Haaland aún en Borussia Dortmund. El noruego firmó un doblete en la ida para dar un 2-1 inesperado a los alemanes. Parecía su gran noche. En la vuelta, el guion cambió: Paris Saint-Germain remontó y cerró la eliminatoria con un 3-2 global. Mbappé, tocado físicamente, solo apareció como suplente, pero al final del encuentro fue uno de los que imitó la celebración de meditación de Haaland. Un gesto que dio la vuelta al mundo.

El francés volvió a imponerse en el play-off de la Champions 2024-25, ya con ambos luciendo nuevas camisetas tras sus traspasos desde PSG y Dortmund. Haaland golpeó primero con un doblete en la ida para Manchester City. En la vuelta, Mbappé respondió con un hat-trick para clasificar a Real Madrid. El noruego, mermado, no pudo hacer nada desde el banquillo.

Haaland encontró consuelo la temporada pasada. Marcó de penalti en un duelo de fase de liga en el Bernabéu y dio el triunfo a City, mientras Mbappé veía el partido desde el banquillo. En el cruce posterior de octavos, el francés apenas tuvo protagonismo por lesión, pero el Madrid pasó sin apuros: 5-1 en el global, pese al tanto del noruego en la vuelta.

En el palmarés europeo, de momento, Haaland va por delante: ya sabe lo que es levantar la Champions como parte del City del triplete de 2023. Mbappé, por ahora, sigue persiguiendo su primera gran noche de gloria continental.

Hay, sin embargo, un escenario que podría cambiarlo todo. Un movimiento capaz de llevar esta rivalidad a un territorio familiar: el del Clásico.

El nombre de Haaland lleva tiempo vinculado a Real Madrid y Barcelona. En los últimos meses, los rumores que le colocan en el club azulgrana han ganado volumen. Solo imaginar al noruego vestido de blaugrana frente al Madrid de Mbappé en el Camp Nou o en el Bernabéu dispara la imaginación. Sería el eco moderno de aquel choque Messi-Ronaldo a ambos lados de la trinchera. No es un detalle menor: Cristiano era solo un año más joven que Haaland cuando firmó por el Madrid y arrancó su batalla definitiva con Messi.

La realidad, de momento, frena la fantasía. El Barça apenas empieza a salir de su crisis financiera post-pandemia. Y desde el entorno del jugador el mensaje es claro: tranquilidad. En marzo, en plena ola de informaciones sobre un posible fichaje por el Camp Nou, su agente Rafaela Pimenta fue tajante en La Sexta: “Tenemos mucho respeto y admiración por Barcelona, pero no ha habido ningún contacto respecto a un posible traspaso. El jugador renovó su contrato hace unos meses, está muy feliz en Manchester City. Todo va muy bien para él y no tenemos nada de qué hablar sobre un traspaso cuando todo es tan bueno en City”.

Así que, por ahora, el gran duelo generacional sigue en modo espera. No hay una liga compartida, no hay un Clásico fijo, no hay todavía una final de Champions entre ambos. Hay chispazos, noches sueltas, comparaciones inevitables.

Lo que sí habrá es un nuevo escenario de máxima exposición: un enfrentamiento mundialista en Boston que promete avivar las brasas. Tal vez ahí empiece, por fin, la historia que el fútbol lleva años esperando.

Haaland y Mbappé: La rivalidad que aún no brilla