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Neymar regresa y emociona a Brasil en Miami

Carlo Ancelotti lo dijo en una sala de prensa improvisada en Miami: Neymar no necesita motivaciones ocultas. Y, en realidad, la prueba estaba a unos metros, en las gradas teñidas de amarillo, mucho antes de que el técnico italiano hablara.

Cada vez que su rostro aparecía en las gigantescas pantallas del Miami Stadium, el aire espeso de Miami Gardens se encendía. Gritos, brazos al cielo, camisetas con el 10 agitadas como banderas. Para muchos, era el regreso del hijo pródigo que Brasil parecía haber olvidado. Para otros, simplemente, la confirmación de que aún lo necesitan.

Casi tres años sin vestir la camiseta de la selección. Una eternidad para un futbolista que fue estandarte de un país. Entre medias, un calvario: rotura del ligamento cruzado anterior y del menisco en octubre de 2023, en plena eliminatoria mundialista, y una recuperación larga, con pocos minutos de juego y muchas dudas ajenas. Hoy tiene 34 años. Y, sin embargo, en Miami, el foco volvió a buscarlo.

Vinicius castiga, Neymar emociona

El partido ante Escocia, cierre del Grupo C, ya estaba encaminado mucho antes de que Neymar pisara el césped. Vinicius Jnr castigó dos veces en la primera parte, con esa mezcla de descaro y contundencia que lo ha convertido en la nueva cara de la Seleção. Matheus Cunha añadió el tercero, y el marcador se convirtió en un refugio cómodo bajo el sol implacable de Florida.

En las gradas, los estallidos de alegría se mezclaban. Algunos llegaban desde Atlanta, por los goles de Haití que condicionaban el grupo. Pero el rugido más profundo, el que parecía salir del estómago del estadio, siempre tenía el mismo detonante: una imagen de Neymar, un gesto suyo en el banquillo, un simple calentamiento.

El Miami Stadium presume de cuatro pantallas tan enormes que parecen pensadas para ser vistas desde el espacio. Y cuando el nombre de Neymar iluminó esos paneles, el estruendo pareció capaz de alcanzar cualquier órbita. El ambiente ya era de fiesta. Faltaba el símbolo.

El momento llegó cuando se quitó el peto de calentamiento. Apenas unos pasos hacia la línea de banda, un trote corto para reemplazar a Cunha en el minuto 76, y la sensación de que el tiempo se comprimía: el ídolo de otra generación volvía a escena, ahora rodeado por los nuevos dueños del vestuario.

“Tuvo la oportunidad de jugar porque creo que se lo merecía. Entrenó y trabajó duro para recuperarse, con profesionalismo”, explicó Ancelotti después del triunfo. “En este Mundial creo que puede ayudar al equipo con sus cualidades. Jugó bien, en los pocos minutos que estuvo en el campo. Neymar no necesita motivación extra. Todos lo aman aquí. No necesita motivación para vestir los colores de Brasil. Neymar sigue siendo el mismo, y con 34 años tiene la misma pasión que cuando era un niño”.

Veinte minutos, una ovación interminable

El daño a Escocia ya estaba hecho por los nuevos referentes, pero Neymar se encargó de recordar que todavía tiene algo que decir. Fueron apenas 20 minutos, 24 toques de balón, una presencia constante entre líneas y un disparo a puerta. Suficiente para que el estadio viviera cada control como si fuera el preludio de algo histórico.

El contraste era evidente: el hombre al que reemplazó, Cunha, había sumado solo 14 toques más en todo el tiempo que estuvo en el campo. Neymar, en cambio, convirtió cada intervención en un pequeño acontecimiento. No marcó. No dio una asistencia decisiva. No le hizo falta.

Lo que importaba estaba en otra parte. En la manera en que los aficionados se quedaban pegados a sus asientos después del pitido final, esperando un último gesto suyo. En cómo las cámaras gigantes volvieron a enfocarlo mientras se acercaba a la grada, saludaba, lanzaba sonrisas y terminaba abrazando a su hija, apoyada en la barandilla, en primera fila. Una imagen sencilla, pero con el peso de un regreso que muchos ya no esperaban.

Brasil necesitaba esa escena. Un héroe de vuelta en un momento en que el país reclama grandeza con una ansiedad feroz.

Un gigante con hambre atrasada

La camiseta canarinha acumula cinco estrellas, pero la sexta se ha convertido en una obsesión nacional. El último Mundial conquistado data de 2002. El último título importante, la Copa América de 2019, ya empieza a quedar lejos en la memoria colectiva.

Con Ancelotti, el camino no ha sido lineal. El equipo ha dejado dudas en partidos de altura, sin lograr victorias ante selecciones como Argentina, Ecuador, Bolivia, Japón, Túnez, Francia o, más recientemente, Marruecos. El brillo aparece a ráfagas. A veces deslumbra. Otras, se apaga sin aviso.

Frente a una Escocia que se saboteó a sí misma, Brasil mostró algo de ese antiguo swagger: fases de dominio total, toques de crueldad ofensiva y una sensación de autoridad que hacía tiempo no se veía. Salió del estadio como líder del Grupo C, con los aficionados cantando, bailando y, sobre todo, hablando de un nombre: Neymar.

Un hincha lo resumió mientras abandonaba el recinto, todavía con la adrenalina en la voz. “Pelé es el mejor jugador de todos los tiempos. No hay comparación. Ganó tres Mundiales para Brasil”, dijo. “Neymar estará entre los mejores. Podría estar al mismo nivel que Ronaldo o Ronaldinho si gana el Mundial.

“Estuve en 2016 en el Maracaná, cuando él marcó el gol decisivo en los Juegos Olímpicos, un título que Brasil nunca había tenido. Pero el Mundial es el título que necesitamos, y vamos por la sexta estrella.

“Creo que él es capaz de abrir el campo y sacar el jogo bonito, como dicen. Tienen que respetar quién es y quién fue, porque si no lo hacen, les hará pagar, seguro”.

En Miami, durante 20 minutos, Brasil recordó por qué sigue esperando que así sea. Y ahora la gran incógnita del torneo es sencilla y brutal: ¿puede este Neymar de 34 años, rodeado de una nueva generación brillante, llevar por fin a la canarinha hasta esa sexta estrella que el país ya casi siente como una deuda histórica?