Neymar y su sueño mundialista: trabajando para el 2026
La noche había sido amarga para Santos. Un 3-0 contundente ante Coritiba, silbidos, caras largas. Y, en medio de ese clima pesado, Neymar apareció en la zona mixta con una chaqueta verde y amarilla imposible de ignorar. Brasil en la tela, Brasil en los colores, Brasil en todas las interpretaciones posibles.
Las redes ardieron al instante. ¿Mensaje directo a la selección? ¿Un “llámame” vestido de moda? Él, sin embargo, quiso cortar la novela de raíz.
“Esta chaqueta fue un regalo de un amigo mío, que es el hijo de Beckham, Romeo Beckham”, explicó ante los micrófonos. “Él incluso escribió algo sobre los Juegos Olímpicos aquí. Le dije que la iba a usar. Es por eso, no fue para mandar ningún tipo de mensaje”.
La prenda, según Neymar, era solo un gesto de amistad. Nada más. Pero su mirada, su discurso y su contexto dicen otra cosa: su cabeza está en la Canarinha. Y en 2026.
El Mundial como obsesión
El delantero, de 34 años, no lo esconde. Su regreso, sus horas de gimnasio, la rehabilitación interminable… todo gira en torno a una sola palabra: Mundial.
“Obviamente, es mi sueño, siempre se lo dejé muy claro a ustedes. Es estar en la Copa del Mundo. Trabajé para eso”, confesó.
No lo dijo con grandilocuencia, sino con la naturalidad de quien lleva más de una década cargando el peso de un país al hombro.
Neymar ya superó a Pelé como máximo goleador de la selección brasileña. Ha sido el faro de la Seleção durante años, héroe y villano según el resultado del día. Por eso, su posible presencia en 2026 no es un detalle más: es el gran debate en un país que vive el fútbol como una cuestión de Estado.
“Todos están esperando esto, esperando la convocatoria de mañana. ¿Por qué no usarla?”, añadió sobre la chaqueta. “Además de jugador, quiero estar ahí. Si no estoy, seré solo otra persona alentando a Brasil en el Mundial”.
La frase resume su momento: se ve dentro, se prepara como si fuera a estar dentro, pero sabe que la decisión ya no depende de él.
El cuerpo en juicio permanente
El camino de Neymar hacia 2026 ha sido cualquier cosa menos lineal. Lesiones, operaciones, dudas constantes sobre su estado físico. Cada paso en falso, una ola de críticas. Cada recaída, un juicio público.
Con Carlo Ancelotti perfilado para apostar por futbolistas en plenitud, el delantero de Santos vive bajo el microscopio. Debe demostrar en cada partido que todavía puede competir al máximo nivel, que su talento sigue intacto y que el cuerpo responde.
“Físicamente, me siento muy bien. He ido mejorando con cada partido, hice lo mejor que pude. Confieso que no fue fácil”, admitió.
No es una frase vacía: detrás hay meses de trabajo lejos de los focos.
También aprovechó para responder a quienes dudaron de su profesionalismo durante su ausencia de los terrenos de juego. “Fueron años de mucho trabajo, pero también de mucha desinformación sobre mis condiciones y lo que hice. Es muy triste la forma en que la gente habla de eso. Trabajé duro, en silencio, en casa, sufriendo por lo que decían”.
No hay rabia en sus palabras, pero sí cansancio. El de alguien que se sabe observado incluso cuando no juega.
Una tarde caótica con Santos
Todo ese discurso llegó después de una tarde surrealista en el césped. Santos se desmoronó ante Coritiba con un 3-0 que dejó al equipo tocado y a Neymar visiblemente molesto. No solo por el resultado.
Un error administrativo provocó que fuera sustituido por equivocación. Salió del campo sin entender nada, con el gesto encendido, mientras su equipo se hundía. Para un jugador que pelea por demostrar que está bien físicamente, salir por un fallo de papeleo es casi una ironía cruel.
El contraste fue brutal: la ambición personal, el sueño de otro Mundial, frente a la realidad gris de un Santos que no encuentra respuestas. Aun así, el astro insiste en mirar hacia arriba, hacia la lista que todos esperan.
Neymar sabe que, más allá del ruido, solo hay una persona que importa ahora mismo: Ancelotti.
“Que mañana sea lo que Dios quiera”, sentenció. “Independientemente de lo que pase, Ancelotti va a convocar a los 26 mejores jugadores para esta batalla”.
La batalla es el Mundial. La pregunta, inevitable: ¿sigue habiendo un lugar para Neymar en la guerra más grande de Brasil?






