golazohoy full logo

El penalti decisivo de Kelechi Iheanacho que mantiene viva la liga

El penalti de Kelechi Iheanacho en el minuto 100 que mantiene viva la liga… y desata la tormenta

El fútbol escocés necesitaba un final de temporada con nervio. Lo tiene. Un penalti en el minuto 100, señalado tras una larga revisión de VAR y convertido con frialdad por Kelechi Iheanacho, dio a Celtic una victoria por 3-2 en el campo de Motherwell y empujó el título de la Scottish Premiership hasta la última jornada. Un desenlace tan dramático como polémico.

En Tynecastle, mientras tanto, los jugadores de Hearts celebraban un 3-0 convincente ante Falkirk. Olían a campeones, 66 años después de su último título liguero. Pero mientras aplaudían a su afición, el último toque del balón en Fir Park les arrebataba, por ahora, la coronación.

El guion cambió en un suspiro. En lugar de un trofeo asegurado, Hearts deberá ir a Celtic Park con solo un punto de ventaja y jugarse la liga cara a cara ante el vigente campeón. Un empate les bastará para destronar a Martin O’Neill. Una derrota, y el título se quedará en Glasgow.

El penalti que incendia el debate

La jugada decisiva llegó cuando el reloj ya se había estirado hasta el límite. Celtic, desesperado en busca del gol del triunfo, lanzó un saque de banda largo al área. Auston Trusty y Sam Nicholson saltaron a por el balón. El brazo del jugador de Motherwell se elevó, empujado aún más por el hombro del defensor de Celtic, con la mano cerca del rostro. El balón salió despedido y el juego siguió… hasta que el VAR llamó al árbitro John Beaton.

Beaton acudió al monitor, revisó la acción y decretó mano de Nicholson. Penalti. Y el estadio estalló.

La decisión dividió inmediatamente opiniones. En la retransmisión, el exdelantero de Celtic Chris Sutton lo veía claro: si el balón toca la mano con el brazo tan arriba, es sancionable. Pero en el estudio, las caras eran muy distintas.

Kris Boyd dudaba incluso del contacto con la mano. Argumentaba que, por la trayectoria y la velocidad del balón, si hubiera dado en la mano habría caído delante del jugador, no habría salido tan lejos. John Robertson, leyenda de Hearts como jugador y técnico, se movía en la cuerda floja: no estaba seguro de que hubiera mano, aunque admitía que, si la pelota impacta en un brazo tan levantado, la pena máxima es inevitable. Paul Hartley, excentrocampista de Hearts, lo veía como un simple remate de cabeza: “La mano está arriba, pero claramente viene de la cabeza. Es un remate. Celtic ha tenido fortuna”.

En el banquillo de Celtic no había dudas. Martin O’Neill defendió sin titubeos la decisión: para él, mano clara y, además, con el codo implicado. “Obviamente, estoy encantado por el equipo y por los aficionados”, subrayó, destacando una vez más la influencia de Iheanacho, al que definió como decisivo en sus apariciones, capaz de ganar partidos con “pequeños cameos simplemente sublimes”.

El delantero nigeriano hizo el resto desde los once metros. Mirada fija, carrera corta, engaño a Calum Ward y estallido de los seguidores visitantes, que invadieron el césped para celebrar con sus jugadores. Sabían lo que significaba: ganar en casa el sábado les daría otro título, en una remontada liguera que hace solo unas semanas parecía improbable.

Askou, en shock: “¿Qué estamos haciendo aquí?”

En el otro banquillo, la sensación era de incredulidad absoluta. Jens Berthel Askou, técnico de Motherwell, no se mordió la lengua. Habló de “shock total”, de una decisión “escandalosa” y de una “vergüenza para el juego”.

Para el danés, no hay forma de encajar esa jugada en el reglamento como penalti. Insistió en que, incluso si hubiera un leve contacto con la mano, este se produce porque Nicholson es desplazado en el salto, por lo que nunca debería sancionarse. Y volvió a la imagen clave: la potencia y la dirección del balón indican, según él, un impacto limpio de cabeza.

Askou defendió también el partido de los suyos. Motherwell, recordó, ha sido muy fuerte en Fir Park esta temporada y volvió a mostrar carácter, remontando de 2-1 a 2-2 y empujando a Celtic contra su propia área. Para el técnico, el encuentro merecía otro final.

Un partido al borde del abismo

Durante buena parte de la tarde, la historia apuntaba a tragedia para Celtic. Con solo media hora disputada, el equipo de O’Neill perdía 1-0 por un disparo desviado de Elliot Watt, mientras en Edimburgo Hearts ya mandaba 2-0 sobre Falkirk. El título se alejaba a toda velocidad.

Daizen Maeda, en racha tras su doblete ante Rangers, rescató a los suyos justo antes del descanso con una definición precisa. Un gol que cambió el tono del vestuario y sostuvo la fe de un equipo que se negaba a entregar la corona.

En la reanudación, Benjamin Nygren firmó uno de esos tantos que se recuerdan si el título acaba en las vitrinas de Celtic. Control, espacio, disparo seco desde 20 metros y 1-2 en el marcador a los 58 minutos. Partido girado. Liga reabierta.

Entre medias, más polémica. Celtic reclamó otro penalti cuando Ward salió a despejar un balón largo y chocó por la espalda con Maeda dentro del área. Arne Engels recogió el rechace y levantó la pelota por encima de ambos, estrellándola en el larguero. Beaton dejó seguir. Poco después, Motherwell pidió pena máxima por un contacto entre Callum Slattery y Callum McGregor en el área, justo antes del gol de Nygren. De nuevo, el colegiado no señaló nada.

La tensión no bajó. Motherwell se lanzó a por el empate. Tom Sparrow vio cómo su disparo se desviaba y golpeaba en el travesaño. Viljami Sinisalo sostuvo a Celtic con una parada clave ante Elijah Just. La presión era asfixiante, y al final la muralla se resquebrajó: Tawanda Maswanhise probó dos veces, la segunda obligó a Sinisalo a rechazar, y el balón quedó muerto para que el recién entrado Liam Gordon empujara el 2-2.

En ese momento, con Rangers y Hibernian empatando 1-1, la grada local cantaba sobre un posible viaje europeo. Cuarto puesto, Conference League, una temporada para recordar. Todo eso también estaba en juego.

Hasta que llegó ese saque de banda, esa revisión interminable y ese penalti de Iheanacho que lo cambió todo.

Un último día de vértigo

El impacto de ese gol va mucho más allá de la pelea por el título. Motherwell viajará a casa de Hibernian en la última jornada con solo un punto de ventaja en la lucha por la cuarta plaza y el billete europeo. El margen de error es mínimo.

Arriba, el escenario es casi teatral. Hearts, que ha liderado gran parte del curso, ya no puede especular. Antes del partido en Fir Park, un empate de Celtic en Motherwell les habría permitido presentarse en Celtic Park con un colchón de goles: la misión habría sido perder por menos de tres tantos para ser campeones. Ahora, la ecuación es brutalmente simple: no perder.

Para Celtic, la ecuación es aún más clara: ganar en casa, ante el rival directo, para completar una remontada que se apoyó en una tarde caótica, en un disparo de Nygren, en la puntería de Maeda… y en un penalti que en Motherwell todavía no se creen.

La liga escocesa llegará al último capítulo con los dos aspirantes mirándose a los ojos. Un punto entre ellos. Un título en juego. Y la sensación de que, después del minuto 100 en Fir Park, ya todo es posible.