Mauricio Pochettino y su futuro en U.S. Soccer: ¿un nuevo ciclo mundialista?
La Federación de Fútbol de Estados Unidos ya ha movido ficha. Antes de que ruede el último balón de este Mundial en casa, U.S. Soccer ha presentado a Mauricio Pochettino una propuesta para seguir al mando hasta 2030, abarcando un segundo ciclo mundialista. La respuesta, eso sí, no llegará hasta que termine la Copa del Mundo de 2026.
El contrato actual del técnico argentino expira al cierre del torneo. Sin embargo, según fuentes conocedoras de las conversaciones, las partes llevan meses hablando y la federación ya le ha trasladado una oferta formal para prolongar la relación cuatro años más. El mensaje es claro: quieren que Pochettino sea algo más que el seleccionador del “Mundial en casa”.
La propuesta llegó incluso antes del inicio del campeonato veraniego. U.S. Soccer quiso adelantarse, mostrarle a su entrenador que la apuesta es de largo plazo y que no se trata solo de aprovechar el tirón mediático de un gran evento en suelo propio. Aun así, todos coincidieron en lo mismo: la decisión final se tomará después, cuando el rendimiento en el torneo haya dictado su propia sentencia.
Mientras tanto, el contexto deportivo empuja hacia la continuidad. El USMNT ha firmado un arranque de ensueño: victorias ante Paraguay y Australia, billete sellado para los dieciseisavos de final y una derrota intrascendente ante Turquía que no altera el paisaje. El cuadro ha salido amable y el país empieza a permitirse algo que hace no tanto sonaba a utopía: imaginar a su selección peleando en las rondas profundas del Mundial.
El escenario que se abre en los próximos cuatro años es difícil de igualar para un seleccionador. No solo culminará con el Mundial de 2030. En el camino asoman unos Juegos Olímpicos en casa, en Los Ángeles, y una Copa América 2028 que también se espera en territorio estadounidense, con el USMNT como anfitrión y protagonista. A eso se suma la inminente apertura de un centro nacional de entrenamiento de 250 millones de dólares en Atlanta, pensado como corazón deportivo y simbólico del proyecto.
Para Pochettino, el paquete va más allá de los partidos oficiales. Una renovación le daría margen para moldear la estructura desde abajo: influir en la progresión de las selecciones juveniles, intervenir en la formación de entrenadores, un área que siempre le ha interesado. Es un rol de arquitecto, no solo de inquilino de banquillo.
No todos esperaban que el argentino considerara quedarse tanto tiempo en el fútbol de selecciones. A sus 54 años, la lógica de mercado apuntaba a un retorno inmediato a los clubes tras el Mundial. Esa sensación se acentuó cuando Matt Crocker, director deportivo de U.S. Soccer y hombre clave en su llegada tras coincidir en Southampton, dejó de forma abrupta la federación en abril para aceptar un cargo en Arabia Saudí. Muchos interpretaron su salida como una señal de que el ciclo podía ser corto.
Sin embargo, el rendimiento del equipo y el ambiente en torno al proyecto han cambiado el tono de la conversación. U.S. Soccer sabe que Pochettino es un entrenador codiciado. Antes del Mundial, se informó de contactos con AC Milan a finales de mayo. El propio director ejecutivo de la federación, JT Batson, restó dramatismo a esos movimientos, definiéndolos como parte natural de “estar en la élite” con un técnico cuyo historial incluye etapas en Chelsea, Tottenham Hotspur y Paris Saint-Germain. Si el argentino sigue brillando en este torneo, es razonable pensar que los pretendientes volverán a llamar.
La federación, no obstante, nunca ha dejado de contemplar su continuidad más allá del Mundial de 2026. El interrogante está en la cabeza del propio entrenador: ¿otro ciclo de selección o el vértigo diario del fútbol de clubes europeo? La respuesta marcará el rumbo de la selección y, probablemente, parte del crecimiento del fútbol en Estados Unidos.
Para poder competir en ese mercado de entrenadores, U.S. Soccer lleva tiempo tejiendo una red de apoyo económico. Ha mantenido conversaciones constantes con grandes donantes y patrocinadores para asegurarse recursos suficientes que permitan pelear por los mejores técnicos disponibles. La ambición no es nueva: antes de cerrar a Pochettino en septiembre de 2024, la federación también se reunió con Jürgen Klopp, un guiño evidente al calibre de nombres que persiguen.
El propio acuerdo que llevó al argentino al banquillo del USMNT se sostuvo, en “parte significativa”, sobre una donación filantrópica de Ken Griffin, fundador y CEO del fondo Citadel. A ese impulso se sumó el apoyo de Scott Goodwin, de Diameter Capital, y de varios socios comerciales. Un modelo mixto, con músculo privado, para apuntalar un proyecto deportivo que aspira a codearse con las grandes potencias.
Los números del contrato reflejan esa apuesta. Un documento fiscal histórico publicado en marzo, que cubre del 1 de abril de 2024 al 31 de marzo de 2025, sitúa el salario base prorrateado de Pochettino en torno a los 4 millones de dólares. Con primas e incentivos, la cifra total podría haber escalado entre 5 y 6 millones en un año sin Mundial. Una eventual extensión le colocaría en la franja de los seleccionadores mejor pagados del planeta, en niveles competitivos con lo que podría recibir en clubes europeos de primer nivel, aunque todavía por debajo de los gigantes más ricos del continente.
En lo deportivo y en lo personal, Pochettino no cierra puertas. Esta misma semana reconoció que no descarta seguir más allá del Mundial. Habló de lo difícil que resulta imaginarse viviendo en otro lugar cuando uno se siente instalado, cómodo, integrado en un país. Y remarcó que ya ha transmitido a la federación su apertura a seguir, con una condición innegociable: nada debe distraer ahora la energía que requiere su vestuario.
En otra entrevista reciente, fue un paso más allá. Si el público estadounidense empieza a mostrar pasión por el fútbol, razonó, por qué no ser parte de algo capaz de dejar una huella duradera. Para él, la palabra “legado” no se reduce a levantar la Copa del Mundo. Ganar es el objetivo, sí, pero la verdadera herencia pasa por construir una conexión profunda entre selección, deporte y país. Sin ese vínculo, la grandeza sostenida es una quimera.
La pelota está en el aire. U.S. Soccer ya ha enseñado su carta y ha armado un contexto deportivo, económico e institucional que seduce. Pochettino, mientras tanto, dirige un equipo que se ha ganado el derecho a soñar en su Mundial. Cuando el torneo baje el telón, la decisión del argentino dirá si este proyecto fue solo un impulso de anfitrión… o el inicio de una era.






