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Final del Clausura: Pumas cae 1-2 ante Cruz Azul

En el Estadio Olimpico Universitario, la final del Clausura se decidió en los detalles tácticos y emocionales: U.N.A.M. - Pumas cayó 1-2 ante Cruz Azul pese a adelantarse y llegar 1-0 al descanso. El guion del partido fue el de un Pumas intenso, vertical desde su 4-4-2, castigado por una segunda parte donde la estructura se fue descomponiendo, primero con el autogol que dio el 1-1 y después con la inferioridad numérica y el gol definitivo en el 90+5’.

Formaciones Iniciales

Desde la pizarra inicial, Efrain Juarez apostó por un 4-4-2 muy claro. En salida, los laterales Rubén Duarte y Álvaro Angulo daban amplitud mientras Rodrigo Lopez y Nathan Silva cerraban como centrales. Por delante, una línea de cuatro centrocampistas con Jordan Carrillo y Uriel Antuna abiertos y el doble pivote Adalberto Carrasquilla – Pedro Vite buscaba conectar rápido con los dos puntas, Robert Morales y Juninho. La idea: ataques directos, mucha ocupación del área rival y segundas jugadas.

Enfrente, Joel Huiqui organizó a Cruz Azul en un 4-2-3-1 con un bloque algo más alto y paciente con balón. Los laterales Omar Campos y Jeremy Márquez ensanchaban el campo, mientras la pareja Amaury Garcia – Agustín Palavecino equilibraba por dentro. Por delante, la línea de tres Carlos Rotondi – Carlos Rodríguez – José Paradela se movía mucho entre líneas para asistir al punta Osinachi Ebere. Con un 53% de posesión y 374 pases (302 precisos, 81%), Cruz Azul aceptó llevar la iniciativa territorial, pero sin perder agresividad en campo rival.

Primer Tiempo

El primer tiempo se inclinó hacia el plan de Pumas: menos posesión (47%) pero ataques más verticales. El 4-4-2 local generó buenos contextos de remate: 12 tiros totales, 7 desde dentro del área y 6 bloqueados, síntoma de que el equipo llegó con gente a zonas de finalización, aunque Cruz Azul defendió con densidad. El 1-0 de Robert Morales en el 31’ premió esa agresividad: el paraguayo atacó el área como referencia del doble nueve y capitalizó la apuesta de Juarez por un frente ofensivo de dos puntas. A nivel de control emocional, sin embargo, ya se apreciaba cierta tensión en la zaga: la amarilla a Rodrigo Lopez en el 45’ anticipaba una segunda parte más cargada de duelos.

Cruz Azul, pese a ir por detrás, mantuvo la calma táctica. Su volumen ofensivo fue superior: 18 tiros totales, 10 dentro del área, 6 a puerta, apoyados en una circulación más limpia desde la base (los centrales Willer Ditta y Gonzalo Piovi, junto a Palavecino, fueron claves para superar la primera línea de presión de Pumas). La estructura 4-2-3-1 les permitió siempre tener una superioridad interior frente al doble pivote universitario, obligando a los extremos locales a cerrar mucho y dejando a los laterales en situaciones de 1v1 exigentes.

En portería, Keylor Navas (U.N.A.M. - Pumas) fue sometido con frecuencia: el bloque de estadísticas le asigna 5 atajadas, lo que refleja que Cruz Azul no solo llegó más, sino que obligó al costarricense a intervenir de forma reiterada. Aun así, el registro de goles prevenidos de Pumas (-0.54) indica que, en términos de probabilidad, el equipo encajó más de lo esperado: la calidad de las ocasiones celestes terminó imponiéndose. Del otro lado, Kevin Mier (Cruz Azul) solo necesitó 2 atajadas para sostener a los suyos, protegido por una defensa que, pese a conceder 3 tiros a puerta y 7 dentro del área, supo reducir ángulos y forzar remates menos limpios.

Segundo Tiempo

El giro del partido llega tras el descanso. El autogol de Rubén Duarte en el 54’ —acción acreditada como tanto de Cruz Azul— cambió por completo el paisaje táctico. Ese 1-1 obligó a Pumas a adelantar líneas y asumir más riesgos, abriendo espacios a la espalda de sus laterales y exponiendo a Silva y Duarte (sustituido después) a situaciones defensivas más amplias. A partir de ahí, la gestión de los cambios fue clave: en el 59’, Santiago Trigos (IN) entró por Adalberto Carrasquilla (OUT), buscando piernas frescas y más energía en la presión en el mediocampo. Más tarde, en el 72’, Pablo Bennevendo (IN) sustituyó a Rubén Duarte (OUT), un ajuste obligado tanto por rendimiento como por carga emocional tras el autogol.

En Cruz Azul, Joel Huiqui movió primero el banquillo en el 36’: Gabriel Fernández (IN) entró por José Paradela (OUT), pasando a un dibujo más cercano a un 4-4-2 en fase ofensiva, con dos referencias más claras en ataque para fijar a los centrales de Pumas. En el 79’, Jorge Rodarte Barragan (IN) reemplazó a Amaury Garcia (OUT), reforzando el costado defensivo y ganando piernas para contener los intentos finales del local.

Recta Final

La recta final estuvo marcada por la disciplina y el colapso estructural de Pumas. En el 85’, Ángel Rico (IN) entró por Rodrigo Lopez (OUT), un cambio que pretendía refrescar el carril derecho pero que quedó condicionado por lo que vino después. En el 90+3’, Uriel Antuna vio la roja directa, dejando a Pumas con uno menos justo en el momento de mayor necesidad ofensiva. Esa expulsión desarmó el 4-4-2: el equipo perdió amplitud por banda y tuvo que replegar un centrocampista para cerrar el costado, lo que facilitó que Cruz Azul instalara su ataque en campo rival.

El 1-2 de Carlos Rotondi en el 90+5’ coronó esa superioridad estructural y numérica: con Pumas partido y cansado (14 faltas frente a solo 4 de Cruz Azul, reflejo de un equipo local cada vez más reactivo y a destiempo), el extremo celeste encontró el espacio y la precisión que le había faltado antes. Para cerrar una noche negra, en el 90+8’ llegó la segunda roja para Pumas, esta vez para Ángel Rico, dejando al equipo con nueve y simbolizando el colapso emocional y táctico del tramo final.

En términos de pases, Pumas completó 339 envíos totales, 281 precisos (83%), números correctos pero siempre un escalón por debajo del control mostrado por Cruz Azul. El xG refuerza la lectura: 0.53 para Pumas frente a 0.96 para Cruz Azul. Es decir, el campeón generó ocasiones de mayor calidad y volumen, y aunque ambos porteros presentaron un registro de goles prevenidos negativo (-0.54 para cada equipo), la estructura defensiva celeste protegió mejor su área.

En síntesis, la final se decidió por tres vectores tácticos: la superioridad estructural de Cruz Azul en el mediocampo, la gestión de los momentos clave tras el 1-1 y la disciplina. Pumas, pese a un plan inicial coherente y un primer tiempo competitivo, terminó desbordado por el volumen ofensivo rival, las propias desatenciones defensivas y dos expulsiones que rompieron cualquier posibilidad de remontar en el Estadio Olimpico Universitario.