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Solbakken defiende su decisión tras derrota contra Francia: "Fue una obviedad"

Stale Solbakken salió del vestuario de Boston con el marcador en contra, 4-1 ante Francia, y una tormenta de críticas esperándole. Había dejado en el banquillo a sus dos grandes estrellas, Erling Haaland y Martin Odegaard, y presentado un once plagado de suplentes. Aun así, el seleccionador de Noruega no titubeó ni un segundo al defender su plan.

“Fue una obviedad”, sentenció. Y no se movió un centímetro de ahí.

Noruega llegaba a la última jornada de la fase de grupos ya clasificada para los cruces. La victoria ante Senegal por 3-2 había asegurado el billete a octavos, pero no el liderato. Ganar a Francia en Boston significaba, sobre el papel, un camino más amable: Suecia en lugar de Costa de Marfil. Sin embargo, Solbakken decidió mirar más allá del brillo inmediato.

Diez cambios y dos gigantes en el banquillo

Diez modificaciones respecto al once que había derrotado a Senegal. Ni rastro de Odegaard. Ni un minuto para Haaland. Para muchos, una provocación deportiva y casi una traición para los miles de aficionados noruegos que habían cruzado el Atlántico soñando con ver al delantero frente a Kylian Mbappé.

Solbakken, en cambio, lo veía como una cuestión de supervivencia.

“Tras Senegal hicimos un resumen y había cinco o seis jugadores muy afectados”, explicó. “Después de 80 minutos de juego, toda la línea defensiva y uno o dos centrocampistas estaban muy tocados”.

El cuerpo técnico detectó calambres, fatiga extrema y datos físicos que encendían alarmas. El seleccionador insistió en un punto clave: Noruega tenía la ventana de descanso más corta entre partidos de todo el grupo. Apenas tres días hasta el duelo de octavos, el martes, ante Costa de Marfil, que llega lanzada tras eliminar a Curazao.

En ese contexto, el debate interno duró poco.

“Las muestras de orina las tomó el equipo médico y me las trasladaron”, detalló Solbakken. “No fue una decisión que llevara mucho tiempo. Para mí, para los fisios, para el equipo médico… incluso para algunos jugadores. Todos dijeron que sería difícil para ellos, incluso para entrenar”.

El precio de un cartel de lujo

En Boston se respiraba ambiente de gran cita. Una ciudad llena de camisetas con el 9 de Haaland, banderas noruegas y aficionados que habían pagado miles de euros por estar allí. Muchos venían por un duelo de época: Haaland contra Mbappé. Se quedaron con una versión muy distinta.

Solbakken entendió el malestar, pero no se dejó arrastrar por él.

“El apoyo ha sido muy bueno y quieren ver a Erling y a Martin, esa es la única razón por la que puedes sentir algo por cómo alineamos hoy”, admitió. “Pero ojalá, gracias a esto, podamos darles algunas buenas noches de verano en las próximas semanas”.

El técnico fue aún más lejos. Rechazó la etiqueta de selección simpática, esa que solo viene “a divertirse”.

“No necesitamos ser el país ingenuo que solo juega por diversión”, lanzó. “Estamos aquí para avanzar lo máximo posible y tengo que tomar decisiones para lograrlo. No querría sentarme en el avión de vuelta sabiendo que no hicimos todo lo posible por llegar lo más lejos que pudiéramos. Fue una decisión fácil. Ni siquiera se debatió”.

Francia celebra el liderato… y un viaje corto

En el otro lado, satisfacción plena. El asistente de Francia, Guy Stephan, subrayó la importancia de terminar primeros, no solo por el cuadro, también por la logística: un vuelo de apenas 45 minutos a Nueva York, frente a las casi cuatro horas que ahora esperan a Noruega rumbo a Dallas.

Es un detalle que, en torneos de alta exigencia, pesa. Y Solbakken lo sabe. Precisamente por eso blindó a sus piezas clave.

Noruega encara ahora octavos con un día menos de descanso, más kilómetros a la espalda y un rival físico como Costa de Marfil, que llega con la moral alta tras ganar a Curazao. Para algunos, una desventaja clara. Para el técnico, un riesgo ya calculado.

“Ahora no, porque hicimos lo que hicimos hoy”, respondió, cuando se le preguntó si el calendario podía beneficiar a los africanos. En su cabeza, la ecuación es simple: rotación masiva ahora para intentar llegar con piernas frescas al partido que realmente decide el futuro en el torneo.

El plan oculto para Haaland y Odegaard

Eso no significa que Haaland y Odegaard estuvieran completamente descartados. Solbakken reveló que existía un escenario muy concreto en el que sus dos líderes habrían pisado el césped de Boston.

“Hubiera tenido que ser después de la última pausa de hidratación”, explicó. “Si hubiera habido una situación en la que pudiéramos alcanzar nuestro objetivo”.

Es decir, solo en un tramo final, con el partido vivo y una opción real de atrapar el primer puesto sin comprometer en exceso la carga física. Francia, superior durante casi todo el encuentro, se encargó de que ese guion alternativo nunca entrara en escena.

El resultado es claro: Noruega pierde el liderato, asume un viaje más largo, se cita con Costa de Marfil y deja a buena parte de su afición con la sensación de haberse perdido algo irrepetible. A cambio, Solbakken conserva lo que más valora en este punto del torneo: piernas descansadas y la esperanza de que sus decisiones, tan impopulares hoy, se entiendan cuando el balón ruede en Dallas.

La apuesta ya está hecha. La verdadera respuesta llegará en octavos.