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El regreso de Robbie Keane a Celtic: un debate político e identitario

El posible regreso de Robbie Keane a Celtic ha encendido algo más que un simple debate futbolístico. Ha tocado una fibra política, identitaria, histórica. Y en Glasgow, eso nunca es un asunto menor.

El exdelantero irlandés, máximo goleador de la historia de su selección y héroe efímero en su cesión a Celtic en 2010, es ahora el principal candidato para ocupar el banquillo del campeón escocés. Según se ha informado, ya ha entablado conversaciones con el principal accionista del club, Dermot Desmond. Deportivamente, el encaje parece evidente. Emocionalmente, no tanto.

Un candidato que divide

Keane llega a esta conversación con un doble filo. Por un lado, su pasado como jugador en Celtic, donde firmó una etapa breve pero prolífica que aún muchos recuerdan. Por otro, su decisión de dirigir a Maccabi Tel Aviv en plena guerra en Gaza, un punto que ha desatado la ira de una parte ruidosa y organizada de la afición.

Durante todo el conflicto, los seguidores de Celtic han convertido las gradas en un mosaico de banderas palestinas. Esa imagen se ha repetido semana tras semana, en casa y fuera, como una declaración de principios. Para muchos de ellos, ver ahora al banquillo ocupado por un técnico que trabajó en Israel durante la ofensiva sobre Gaza es una línea que no están dispuestos a cruzar.

La reacción no se ha quedado en las redes. Graffitis y pancartas en los alrededores del estadio han dejado claro el rechazo a la posible llegada de Keane. El mensaje es directo: su nombramiento no sería solo una decisión deportiva, sino una fractura en la identidad que buena parte de la hinchada reclama para el club.

La presión de la grada

Un grupo que se presenta como ‘Celtic Fans for the Liberation of Palestine’ emitió un comunicado en el que calificó la posible contratación de Keane como “profundamente divisiva” para la afición. La cuenta ‘North Curve Celtic’ en X publicó una lista de 67 colectivos que respaldan esa postura, un frente amplio que pretende dejar a la directiva sin margen para la indiferencia.

“El apoyo de los seguidores de Celtic al pueblo palestino tiene una historia larga y orgullosa”, señala el texto. A partir de ahí, el comunicado va al núcleo del conflicto con Keane: “Para nosotros, la decisión de Robbie Keane de dirigir a Maccabi Tel Aviv durante el genocidio en Gaza es imposible de ignorar”.

El lenguaje no rebaja el tono. El grupo denuncia que el técnico eligiera entrenar en Israel mientras, “a menos de 40 millas”, el mismo país utilizaba “armas indiscriminadas de asesinato en masa contra personas indefensas”. Y enlaza esa crítica con el origen mismo del club: “Celtic fue fundado por una comunidad marcada por el legado de genocidio, desplazamiento y hambruna. Las raíces de nuestro club se encuentran en la solidaridad con quienes sufrieron injusticia y opresión”.

La petición final es tan clara como contundente: “Instamos al consejo de Celtic a escuchar las preocupaciones de los aficionados y reconsiderar este nombramiento”.

La versión de Keane y su trayectoria reciente

Keane asumió el cargo en Maccabi Tel Aviv en junio de 2023, meses antes de los ataques liderados por Hamas del 7 de octubre y de la posterior ofensiva israelí sobre Gaza. Se mantuvo en el puesto durante toda la temporada, guiando al equipo a un doblete de liga y copa antes de dimitir en 2024 y marcharse a Ferencvaros, en Hungría.

El irlandés ha explicado que una de las razones para completar la campaña fue su responsabilidad hacia el cuerpo técnico que llevó con él a Israel. “Tengo un deber de cuidado”, argumentó. Puso como ejemplo a su analista, que había pasado 12 años en Middlesbrough antes de seguirle a Maccabi Tel Aviv. Marcharse a mitad de temporada, decía, habría significado dejar a ese empleado y a su familia en una situación comprometida.

Sus palabras no han calmado a quienes consideran que la mera decisión de trabajar allí, en ese contexto, choca frontalmente con los valores que asocian a Celtic. Para otros, su explicación introduce un matiz humano en una situación que muchos prefieren ver en blanco y negro. El club, atrapado entre la necesidad de elegir entrenador y la presión moral de una parte de su hinchada, camina sobre una cuerda floja.

Un banquillo caliente en todos los sentidos

Mientras tanto, el equipo viene de cerrar una temporada vibrante bajo la batuta interina de Martin O’Neill. A sus 74 años, el técnico condujo a Celtic al título de la Scottish Premiership en la última jornada y levantó también la Scottish Cup. Un cierre de campaña dramático en lo deportivo, pero que no ha despejado la gran incógnita: quién dirigirá el próximo proyecto.

La figura de Keane, por su pasado como jugador y su nombre en el fútbol europeo, encaja en la lógica de un club que se ve a sí mismo compitiendo en un escaparate mayor. Pero la discusión ya ha desbordado el terreno de juego. No se trata solo de sistemas tácticos, de fichajes o de cómo afrontar la próxima fase de clasificación europea. Se trata de qué representa Celtic cuando el balón deja de rodar.

La decisión que tome el consejo no solo definirá el futuro inmediato del banquillo. También marcará hasta qué punto el club está dispuesto a asumir el choque entre sus ambiciones deportivas y las convicciones de una parte de su gente. En Glasgow, esa es una batalla que nunca se libra en silencio.