Alaves sorprende a Barcelona en Mendizorrotza: análisis táctico
En el viejo Estadio Mendizorrotza, una noche de mayo se convirtió en declaración de intenciones: Alaves, 16.º en La Liga con 40 puntos y un balance global de 42 goles a favor y 54 en contra (diferencia de -12, exacta), derribó al líder Barcelona (91 puntos, 91 goles marcados y 32 encajados) con un 1-0 que habla tanto de carácter como de pizarra. Un duelo de la jornada 36 que, siguiendo esta temporada, enfrentaba a un bloque de supervivencia contra una máquina casi perfecta… hasta que dejó de serlo.
I. El gran marco táctico
El contexto previo era brutalmente asimétrico. Heading into this game, Barcelona llegaba como líder absoluto, con 30 victorias en 36 partidos, un ataque demoledor (2.5 goles por encuentro en total, con 3.0 en casa y 2.1 en sus desplazamientos) y una defensa de campeón (0.9 tantos encajados de media, 0.5 en su estadio y 1.3 lejos de él). Alaves, por contra, se movía en la zona baja, pero con un Mendizorrotza respetado: 7 victorias, 6 empates y solo 5 derrotas en 18 partidos en casa, con medias de 1.3 goles a favor y 1.3 en contra en Vitoria-Gasteiz.
La propuesta de Quique Sanchez Flores fue clarísima: un 5-3-2 de resistencia activa. A. Sivera bajo palos, una línea de cinco con A. Rebbach y A. Perez como carrileros largos, y un eje central de tres centrales con N. Tenaglia, V. Koski y V. Parada cerrando el área. Por delante, un triángulo de trabajo y orden con D. Suarez, Antonio Blanco y J. Guridi, y arriba la pareja T. Martinez – I. Diabate, pensada para castigar cualquier pérdida azulgrana.
Hansi Flick respondió con su dogma habitual: 4-2-3-1 ofensivo. W. Szczesny en portería; línea de cuatro con A. Balde y J. Kounde en los costados, P. Cubarsi y A. Cortes como centrales; doble pivote joven con M. Casado y M. Bernal; y una línea de tres mediapuntas de enorme talento —R. Bardghji, Dani Olmo y M. Rashford— por detrás de R. Lewandowski como referencia.
II. Vacíos y ausencias: lo que no se ve en el césped
El dibujo de Barcelona estaba condicionado por las ausencias. Lamine Yamal, uno de los grandes generadores de ventajas de la liga (16 goles y 11 asistencias, además de haber fallado 1 penalti esta temporada), se cayó por lesión muscular en el muslo. Raphinha, con 11 tantos y 3 asistencias, estaba sancionado por acumulación de amarillas. F. de Jong también se quedó fuera por decisión técnica. Incluso Fermín, gran asistente del curso, figuraba como “decisión del entrenador” en la lista de no disponibles.
Esa triple pérdida de amenaza entre líneas y desborde por fuera obligó a Flick a cargar aún más la responsabilidad creativa sobre Dani Olmo, Pedri (desde el banquillo) y Rashford. El resultado fue un equipo que seguía acumulando calidad, pero menos vertical en el uno contra uno y más previsible ante un bloque bajo de cinco defensas.
En Alaves, la baja de L. Boye (11 goles en liga) por lesión muscular y la ausencia por sanción de F. Garces reducían pólvora y alternativas en ataque, pero reforzaban la idea de un partido de máxima concentración defensiva y esfuerzos muy medidos. Sin Boye, T. Martinez asumía el rol de referencia goleadora —llega con 12 tantos y 3 asistencias—, obligado a pelear cada balón dividido y a dar aire a un equipo que sabía que iba a correr mucho hacia atrás.
Disciplinariamente, ambos conjuntos llegaban con un patrón claro: Alaves es un equipo de contacto, con un Antonio Blanco que suma 9 amarillas esta temporada y un equipo que concentra el 21.74% de sus tarjetas amarillas entre el minuto 76 y el 90, síntoma de sufrimiento y tensión en los finales. Barcelona, por su parte, reparte muchas de sus amarillas en la franja 46-60 (28.33%), reflejo de la agresividad con la que sale de vestuarios para recuperar balones tras el descanso.
III. Duelo de claves: cazadores y escudos
El enfrentamiento directo más evidente era el de T. Martinez contra la defensa azulgrana. El delantero del Alaves, con 12 goles, 73 tiros y 33 a puerta, es un “nueve” de trabajo incesante, 483 duelos disputados y 250 ganados, capaz de fijar centrales y liberar a Diabate. Su misión: atacar los espacios a la espalda de P. Cubarsi y A. Cortes cuando Barcelona adelantara líneas, especialmente en las transiciones tras robo de Blanco o Guridi.
Del otro lado, el “cazador” por excelencia era R. Lewandowski, con 13 goles y 2 asistencias en 29 apariciones, respaldado por un ecosistema ofensivo que, en total, marca 2.1 goles por partido fuera de casa. Pero el “escudo” de Alaves en Mendizorrotza no es menor: solo 23 goles encajados en 18 encuentros en casa, media de 1.3, y 3 porterías a cero. El 5-3-2 compactaba el carril central, obligando a Lewandowski a salir de zona y a que fueran Rashford y Bardghji quienes atacaran el intervalo entre central y carrilero.
En la sala de máquinas, el “Engine Room” del partido se jugaba entre Antonio Blanco y la doble base Casado–Bernal. Blanco, con 1762 pases y un 85% de acierto, 91 entradas y 52 interceptaciones, es el metrónomo y el bombero a la vez. Su lectura para saltar a Olmo o Rashford entre líneas resultaba clave para cortar el flujo hacia Lewandowski. Casado y Bernal, por su parte, debían sostener la presión tras pérdida sin la ayuda de un especialista defensivo clásico, expuestos a los contraataques lanzados por D. Suarez y Guridi.
IV. Lectura estadística y veredicto táctico
Si trasladamos la temporada a un plano de Expected Goals, el guion previo hablaba de un Barcelona generando un volumen alto de ocasiones —sus 91 goles totales con 2.5 de media por partido apuntan a un xG recurrentemente elevado— contra un Alaves que vive en el filo: 42 goles a favor (1.2 por encuentro) y 54 en contra (1.5 por partido en total).
Sin datos explícitos de xG del choque, la historia del 1-0 encaja en un patrón clásico: un líder que produce, pero se atasca ante un bloque bajo bien protegido, y un equipo de media tabla baja que maximiza su única ventana clara. La estructura de cinco atrás, la agresividad controlada de Blanco —pese a su historial de 67 faltas cometidas esta campaña— y la capacidad de T. Martinez para convertir pocas ocasiones en gol explican cómo Alaves fue capaz de cerrar la persiana en la segunda parte, precisamente en ese tramo donde suele sufrir y acumular más amarillas.
Following this result, el impacto es doble. Para Barcelona, el tropiezo no invalida su condición de mejor ataque del campeonato ni su solidez global (32 goles encajados en 36 partidos), pero sí deja una advertencia: sin Lamine Yamal ni Raphinha, su ataque pierde filo exterior y su plan se vuelve más dependiente de la inspiración interior. Para Alaves, la victoria refuerza una identidad: en casa, con estructura de cinco y un doble punta de trabajo sucio, puede competir incluso contra el líder.
En términos de probabilidad futura, el modelo seguiría otorgando a Barcelona un xG superior en la mayoría de partidos de este tipo. Pero la noche en Mendizorrotza recordó una verdad vieja como el fútbol: cuando un bloque bajo está bien organizado, su portero seguro y su delantero clínico, la estadística se puede doblar, aunque no romperse. Y Alaves, por una noche, la dobló a su antojo.






