República Democrática del Congo ajusta planes por brote de ébola y sigue rumbo al Mundial
La cuenta atrás hacia el regreso de la República Democrática del Congo a un Mundial, 50 años después de su última aparición, ha sufrido un giro brusco. La federación ha cancelado el mini–stage de tres días en Kinshasa y el adiós previsto ante su afición por un motivo que trasciende al fútbol: un nuevo brote de ébola en el este del país.
No es un brote cualquiera. Se trata de una variante poco habitual, conocida como Bundibugyo, que se cree ha provocado más de 130 muertes y cerca de 600 casos sospechosos. La Organización Mundial de la Salud lo ha catalogado como emergencia de salud pública de importancia internacional. Con ese contexto, la concentración en la capital dejó de ser una opción.
El plan deportivo, sin embargo, no se derrumba. Solo se reajusta.
Un eslabón menos en la preparación
Jerry Kalemo, portavoz de la selección, lo resumió con frialdad de hoja de ruta: había tres fases de preparación; solo una ha caído. El equipo debía pasar primero por Kinshasa para despedirse del público, después viajar a Bélgica y España para disputar dos amistosos, y finalmente instalarse en Houston a partir del 11 de junio. La etapa inicial, la que conectaba directamente con la gente, es la sacrificada.
El resto se mantiene. El combinado congoleño se medirá a Dinamarca en Liège el 3 de junio y a Chile en el sur de España el 9 de junio. Ambos partidos siguen programados sin cambios. La selección ya trabaja fuera del país y se moverá por Europa antes de saltar a Estados Unidos, donde le espera su estreno mundialista ante Portugal en Houston el 17 de junio.
La decisión sanitaria encaja con la realidad del vestuario: todos los jugadores y el seleccionador francés, Sébastien Desabre, residen fuera de la RDC, muchos de ellos en Francia. Solo parte del personal técnico y logístico vive en el país y, según Kalemo, “está saliendo en las próximas horas” para unirse al resto del grupo en un entorno más controlado.
Fifa, Washington y un Mundial bajo lupa sanitaria
El brote no solo ha alterado el calendario interno del equipo. Ha activado alarmas en los despachos del fútbol y en los pasillos del poder político.
Fifa ha emitido un comunicado en el que asegura que está “al corriente” de la situación, la está “monitorizando” y mantiene una comunicación estrecha con la federación congoleña, Fecofa, para garantizar que la delegación reciba todas las directrices médicas y de seguridad necesarias. No hay cambios deportivos sobre la mesa, pero el organismo no pierde de vista el mapa epidemiológico.
Al otro lado del Atlántico, el impacto es todavía más directo. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos han anunciado esta semana la prohibición de entrada a todo ciudadano extranjero que haya estado en la RDC, Uganda o Sudán del Sur en las tres semanas anteriores. La medida, de 30 días, podría haber puesto en jaque la presencia de los Leopardos en el Mundial.
No será así. Un funcionario estadounidense ha confirmado que la selección congoleña queda fuera del alcance de ese veto migratorio, ya que lleva varias semanas concentrada en Europa. Jugadores, cuerpo técnico y dirigentes que no hayan regresado al país en los últimos 21 días podrán entrar en Estados Unidos sin restricciones adicionales.
El matiz es importante: los miembros de la delegación que sí hayan viajado de vuelta a la RDC dentro de ese periodo se someterán a los mismos requisitos de cuarentena que cualquier ciudadano estadounidense que regrese de zonas afectadas. Esa excepción no se extiende a los aficionados. Los hinchas congoleños que sueñen con seguir a su selección en territorio estadounidense se toparán de lleno con la barrera sanitaria.
Desde la Casa Blanca, el grupo de trabajo específico para el Mundial, integrado en el Departamento de Seguridad Nacional, insiste en que coordina de cerca todos los aspectos de salud y seguridad con las distintas agencias y que el gobierno sigue “muy de cerca” la evolución del brote.
Un regreso al escaparate global medio siglo después
En lo deportivo, nada eclipsa el peso simbólico de esta cita para la RDC. El país vuelve a una fase final mundialista por primera vez desde 1974, cuando competía bajo el nombre de Zaïre. Medio siglo después, el contexto es otro, el fútbol es otro, pero el desafío tiene la misma dimensión histórica.
La clasificación llegó en un playoff dramático ante Jamaica en México. A partir de ahí, el sorteo llevó a los Leopardos al Grupo K. Tras el estreno frente a Portugal en Houston el 17 de junio, el calendario les medirá a Colombia en Guadalajara el 23 de junio y a Uzbekistán en Atlanta el 27 de junio. Tres ciudades, tres estilos de rival y una única oportunidad de dejar huella.
La lista de 26 elegidos por Sébastien Desabre mezcla experiencia en grandes ligas y hambre de escenario grande. Destacan el delantero de Newcastle Yoane Wissa, el centrocampista de Sunderland Noah Sadiki y el lateral de West Ham Aaron Wan-Bissaka, nombres que simbolizan la diáspora futbolística congoleña repartida por Europa.
No todo han sido buenas noticias en la confección del grupo. El central de Hibernian Rocky Bushiri, inicialmente convocado, se ha caído de la lista por una sospecha de lesión en el tendón de Aquiles. Su lugar lo ocupa otro jugador de la Premiership escocesa, Aaron Tshibola, de Kilmarnock, llamado a reforzar una zaga que tendrá que lidiar con atacantes de élite desde el primer día.
Nuevo mando en Fecofa en pleno año mundialista
Mientras la selección ajusta vuelos, amistosos y protocolos médicos, la estructura federativa también se mueve. Véron Mosengo-Omba, antiguo secretario general de la Confederation of African Football (Caf), ha sido elegido presidente de Fecofa.
La elección fue prácticamente un plebiscito: candidato único, 60 votos de 65 posibles. Mosengo-Omba había dejado su cargo en Caf en marzo, después de cinco años, para abrir una nueva etapa. Su trayectoria está marcada por una relación de larga data con el presidente de Fifa, Gianni Infantino; fueron compañeros de universidad y Mosengo-Omba le acompañó primero en Uefa, luego en Fifa a partir de 2016, antes de dar el salto a Caf en 2021.
Ahora asume el timón del fútbol congoleño en el momento más visible de las últimas cinco décadas, con un Mundial a las puertas, una crisis sanitaria golpeando al país y una selección que, pese a todo, mantiene el rumbo. La despedida soñada en Kinshasa tendrá que esperar. El gran examen, en cambio, ya no admite aplazamientos.






