golazohoy full logo

Países Bajos: Un favorito con cicatrices en el torneo

La Oranje llega a este torneo en un territorio extraño: demasiado grande para ser una simple tapada, pero sin el brillo suficiente para ser colocada entre los gigantes que encabezan las quinielas. No figura en la primera línea de favoritos, pero nadie con algo de memoria futbolística se atreve a descartarla cuando llegue el ruido de los cruces directos.

El sorteo no ha tenido piedad. Japón, Suecia y Túnez forman un grupo incómodo, lleno de matices tácticos y ritmos distintos. Aun así, Países Bajos parte como candidato principal a terminar arriba. No es casualidad. De atrás hacia adelante, la columna vertebral impone respeto: Virgil van Dijk como jefe de la zaga, Frenkie de Jong marcando los tiempos en el centro y un frente de ataque con Memphis Depay y Cody Gakpo capaz de decidir partidos con un chispazo.

Un favorito con cicatrices

El cartel de aspirante serio llega con asteriscos. Las bajas pesan. Xavi Simons, Jurrien Timber y Matthijs de Ligt se han caído del torneo por lesión, golpes duros en tres líneas clave. A eso se suma la sorpresa en la lista definitiva: Jeremie Frimpong, uno de los laterales más incisivos del momento, y el prometedor centrocampista Kees Smit se quedaron fuera por decisión técnica.

El debate se encendió todavía más tras los amistosos. La derrota ante Argelia, inesperada y desconcertante, levantó alarmas. La posterior victoria por la mínima frente a Uzbekistán no calmó del todo el ambiente. El equipo ganó, sí, pero no transmitió la sensación de superioridad que se espera de una selección con este talento. Demasiadas dudas para un país acostumbrado a discutir de fútbol como si fuera política de Estado.

Koeman, entre la herencia y la sospecha

Ronald Koeman conoce bien ese ecosistema. Asumió el cargo en 2018, firmó por cuatro años tras la renuncia de Dick Advocaat y devolvió a la selección a la primera línea con rapidez: final de la UEFA Nations League 2019 y billete asegurado para la Euro 2020. Justo entonces apareció Barcelona en su camino y el técnico decidió marcharse.

Tras dos años y medio fuera, regresó al banquillo en 2023 para relevar a Louis van Gaal. Desde entonces ha llevado a Países Bajos a otras dos semifinales, en la Nations League 2023 y en la Euro 2024. Los resultados, fríos, hablan de un seleccionador competitivo, capaz de sostener al equipo en las últimas rondas.

Pero en Países Bajos no basta con ganar. Se exige ganar “a la holandesa”. Ahí nace la división. Koeman ha sido aplaudido por abrir la puerta a una nueva generación de talentos, pero también señalado por un estilo que, a ojos de muchos, se aleja de la tradición ofensiva que dejaron Rinus Michels y Johan Cruyff. Menos vértigo, más control. Más pragmatismo, menos romanticismo.

La pregunta es sencilla y brutal: ¿puede esta versión más pragmática de la Oranje conquistar un gran torneo sin traicionar del todo su ADN?

Depay, la última gran bala

En medio de esa tensión identitaria, un nombre sigue en mayúsculas: Memphis Depay. Ya no juega en Europa, se acerca a lo que probablemente sea su último gran torneo con la selección, pero continúa siendo la figura central del proyecto.

Los números lo respaldan. Depay es el máximo goleador histórico de la selección neerlandesa, por delante de leyendas como Robin van Persie, Dennis Bergkamp, Arjen Robben y Ruud van Nistelrooy. Sus 55 goles con la Oranje lo han colocado en un pedestal reservado para muy pocos.

En un momento en el que el fútbol neerlandés no produce un ‘9’ clásico de talla mundial, Koeman vuelve a mirar hacia él. Desde Corinthians, Depay sigue siendo el faro. Fue el motor ofensivo en la fase de clasificación y mantiene una media de casi un gol cada dos partidos con su país. Sin embargo, hay una sombra que no se puede ignorar: solo seis de esos tantos han llegado en grandes torneos. Para que Países Bajos dé un salto definitivo, ese registro tendrá que cambiar.

Brobbey, del cartel de fracaso al papel de referente

La otra gran historia en ataque tiene nombre de academia Ajax: Brian Brobbey. Formado en Ámsterdam, salió pronto a Alemania para probar suerte en RB Leipzig. No funcionó. Se le colgó la etiqueta de fracaso con una rapidez cruel, casi automática.

Pero su carrera no se detuvo ahí. En Inglaterra, con el Sunderland, el delantero de 24 años ha resurgido. Allí se ha ganado un apodo que lo define: ‘Brobbeast’. Fuerte, agresivo, difícil de mover. Esta temporada ha marcado siete goles en 31 partidos de Premier League y ha sido pieza clave en la sorprendente clasificación del club para la próxima Europa League.

Su juego va mucho más allá del físico. Combina potencia con zancada larga, sabe fijar centrales, puede sostener el ataque él solo y, lo más importante, ha recuperado la puntería en el área. Hace unos años se le comparaba sin descanso con Romelu Lukaku. Hoy, el paralelismo ya no es necesario: Brobbey se ha ganado su propio nombre, su propio molde.

Koeman lo sabe. En un equipo donde Depay asume el foco y la responsabilidad histórica, Brobbey aparece como el complemento perfecto, la amenaza que puede abrir defensas cerradas y dar oxígeno a la estrella. Si responde al nivel que ha mostrado en Inglaterra, Países Bajos ganará una dimensión que llevaba tiempo buscando.

Entre la nostalgia por el fútbol total y el pragmatismo de los tiempos modernos, la Oranje se planta en el torneo con un guion abierto. Tiene jerarquía atrás, talento en el medio y pólvora suficiente arriba. No parte como favorita absoluta, pero pocos querrán cruzarse con ella cuando el margen de error sea cero. La cuestión es si esta generación, con Depay al mando y Brobbey empujando desde la nueva ola, será capaz de transformar el eterno “puede llegar lejos” en algo mucho más incómodo para el resto: “ha llegado para ganarlo”.