La maldición del playoff de Millwall: Hull asalta The Den
La historia se repite para Millwall. Otra vez en la orilla, otra vez con Wembley a un paso y otra vez arrodillado en semifinales. Ya van cuatro: 19991, 1994, 2002 y ahora esta, quizá la más cruel de todas. El equipo de Alex Neil terminó la temporada 10 puntos por encima de Hull, rozó el ascenso directo en la última jornada y llegaba a la vuelta como claro favorito. Pero la noche que debía ser una fiesta en The Den terminó convertida en escaparate para Mohamed Belloumi y Joe Gelhardt.
Hull, sexto en la liga, se convierte en el primer equipo que desde el Derby de Frank Lampard en 2019 alcanza la final del playoff desde esa posición. Y lo hace con la sensación de que no va a Wembley de invitado.
Un ambiente de ascenso… y un plan que descolocó a Millwall
Alex Neil conoce el camino a la Premier League. Lo recorrió con Norwich en 2015 y fue el hombre que reactivó a Sunderland en 2022. Había pedido una noche para el recuerdo, y el ambiente respondió. The Den rugió desde el primer momento, con el clásico “No one likes us, we don’t care” tronando mientras los equipos saltaban al césped. Expectativa máxima, nervios a flor de piel, olor a partido grande.
El primer asalto en Hull había dejado polémica: aquel gol anulado a Ryan Leonard que Neil consideró legal y un final con tensión en la grada, con aficionados de ambos equipos separados por la policía. Esta vez, los seguidores de Hull que se atrevieron con el viaje al sureste de Londres recibieron el guiño de su presidente, Acun Ilicali, que les regaló camisetas para agradecer el esfuerzo. Un detalle antes de una batalla.
Sergej Jakirovic, técnico que llegó el pasado verano y ha llevado a Hull contra pronóstico hasta estas alturas pese al presupuesto ajustado, se guardaba un golpe táctico. Cambió a defensa de cinco y descolocó a Millwall desde el inicio. El plan funcionó de inmediato: los visitantes, que ya habían ganado 3-1 en este mismo escenario en diciembre, entraron mejor al partido.
En el minuto 10, Charlie Hughes obligó a Anthony Patterson a intervenir por primera vez con un disparo de falta. Hull marcaba el tono. Millwall, aturdido, tardó en reconocerse.
Millwall reacciona, pero perdona
La reacción llegó empujada por la grada. Thierno Ballo apareció en el área y su cabezazo fue sacado bajo palos por Kyle Joseph. Poco después, Ivor Pandur tuvo que volar a su palo corto para repeler un disparo seco de Femi Azeez. El extremo, que escaló desde el Northwood de la octava categoría del fútbol inglés hasta convertirse en una de las piezas ofensivas más influyentes de Millwall esta temporada, volvió a ser el que más peligro generó. Cada vez que encaraba, el estadio contenía la respiración.
Hull, sin embargo, no se descompuso. Aguantó el arreón y volvió a amenazar. John Egan rozó el gol con un cabezazo a balón parado y Oli McBurnie probó a Patterson tras un centro envenenado de Ryan Giles. Millwall respondió pidiendo penalti a cinco minutos del descanso, cuando un centro de Casper De Norre golpeó en el brazo de Hughes. El brazo, pegado al cuerpo, convenció al árbitro Sam Barrott, que ni dudó en negar la pena máxima.
Poco después, llegó el primer golpe duro de la noche para Hull: Joseph se lesionó en el tobillo y tuvo que abandonar el campo cojeando. Los aficionados locales le despidieron con abucheos mientras el delantero era ayudado por el fisioterapeuta. No hubo compasión en The Den.
Belloumi cambia el guion
El descanso no enfrió a Hull. Nada más empezar la segunda parte, Regan Slater habilitó a McBurnie y el delantero rozó el gol, pero Tristan Crama apareció bajo palos para sacar el balón en la línea. Millwall respondía con esfuerzo, pero sin claridad. Mucho empuje, poca precisión. El reloj corría en su contra.
Neil decidió arriesgar. Metió a Mihailo Ivanovic y cambió a un 4-4-2, y poco después recurrió a la experiencia de Alfie Doughty y Barry Bannon. Señal clara: todo o nada. Pero el golpe definitivo llegó del otro lado.
El sustituto de Joseph, Mohamed Belloumi, llevaba rato avisando por la banda izquierda. Rápido, incisivo, cada conducción era un problema para la zaga local. Hasta que encontró el hueco. Recibió al borde del área, se perfiló y soltó un disparo enroscado que besó el poste contrario antes de entrar. Patterson voló, pero solo para hacer más fotogénico un gol imparable.
El sector visitante estalló. Jugadores abrazados, banquillo desatado, aficionados de Hull celebrando como si ya estuvieran en Wembley. No lo estaban aún, pero el golpe emocional fue tremendo.
Gelhardt remata la herida
Millwall, herido, se lanzó arriba con más corazón que cabeza. Bannon, recién ingresado, estuvo a punto de regalar el segundo a Slater con un pase comprometido en la salida de balón. Se salvó por centímetros. Al otro lado, Ivanovic tuvo el empate en un cabezazo que se marchó por encima del larguero. Era la última advertencia.
El cierre de la eliminatoria llegó con una jugada que resumió la noche. Belloumi, otra vez protagonista, ganó la banda izquierda y puso un centro medido. Joe Gelhardt, que acababa de entrar, atacó el balón y conectó su primer toque del partido. El remate no fue limpio, pero suficiente: la pelota se escurrió entre los guantes de Patterson y cruzó la línea lentamente, casi con crueldad, mientras los jugadores de Millwall miraban incrédulos.
Ahí se acabó todo. No hubo remontada, ni épica tardía, ni último rugido salvador. Solo la certeza de que la maldición del playoff sigue viva en The Den, y que el próximo año el premio de consuelo será un viejo conocido: West Ham, al que Millwall no se enfrenta desde 2012.
Hull, desde el sexto puesto y con un presupuesto modesto, va a Wembley con la sensación de que ya ha derribado una montaña. La pregunta ahora es sencilla y brutal: si han sido capaces de silenciar The Den en una noche así, ¿quién se atreve a darles por muertos en la final?






