Liverpool busca a Adam Wharton en un nuevo proyecto
El verano en Anfield no es de transición; es de ruptura. Tras el despido inesperado de Arne Slot, la llegada de Andoni Iraola ha abierto una nueva etapa y el club se mueve ya con decisión en el mercado. Entre los nombres que suben de volumen en la agenda aparece uno que gusta, y mucho, en la planta noble: Adam Wharton.
Un campeón que se descompuso demasiado rápido
Liverpool viene de una temporada que ha sonado a frenazo en seco. Después de conquistar la Premier League en la primera campaña de Slot, el equipo se desplomó: la defensa encajó el mayor número de goles del club en la era de la competición y el bloque perdió fiabilidad en todas sus líneas.
El golpe ha obligado a una limpieza profunda. Las salidas de Andy Robertson, Mohamed Salah e Ibrahima Konaté no son retoques, son amputaciones. Tres referentes del ciclo reciente que dejan huecos enormes en vestuario, jerarquía y calidad. Y esos vacíos marcan hoy la hoja de ruta.
En las bandas, el agujero es evidente. Sin Salah, y con el prometedor Rio Ngumoha aún en fase de irrupción con solo 17 años, el club ya negocia por Yan Diomande, la nueva joya de RB Leipzig. El atacante de 19 años es el elegido para heredar el trono del egipcio. El jugador, según distintas informaciones, ya tendría un acuerdo personal encarrilado, pero Leipzig se aferra a una valoración superior a las 100 millones de libras. No será una operación sencilla.
El centro del campo, otra zona bajo sospecha
La reconstrucción no se limita al ataque ni a la zaga. El corazón del equipo también necesita aire fresco. Ryan Gravenberch y Alexis Mac Allister no han alcanzado el nivel que mostraron en temporadas anteriores durante el curso 2025-26, y esa caída de rendimiento ha dejado demasiado peso creativo y competitivo sobre los hombros de Dominik Szoboszlai, hoy uno de los primeros nombres fijos en la pizarra.
Ahí aparece Adam Wharton.
Según el periodista Ben Jacobs, corresponsal senior de GIVEMESPORT, Liverpool mira con atención al centrocampista de Crystal Palace. En declaraciones a talkSPORT, el reportero fue directo: “Keep an eye on central midfield. Adam Wharton is a player really appreciated by Liverpool”. El interés es real. La admiración, también.
Wharton, de 20 años, tiene todavía tres temporadas de contrato en Selhurst Park, un estadio que la próxima campaña disfrutará de Europa League. Sin embargo, su nombre lleva semanas en el escaparate. La ausencia en la lista de Thomas Tuchel para la selección inglesa ha alimentado las especulaciones sobre una posible salida. Dentro del propio Palace, Oliver Glasner no ha escatimado elogios: ha llegado a describirlo como “uno de los mejores centrocampistas del mundo” en las últimas semanas. Palabras mayores para un jugador que apenas empieza a escribir su historia.
Iraola, un estilo que exige piernas y cerebro
La idea de incorporar a Wharton encaja con la identidad de Iraola. El técnico español construyó su reputación con un fútbol intenso, agresivo, de presión alta y transiciones veloces. Para sostener ese plan en la Premier League se necesitan centrocampistas capaces de abarcar metros, leer el juego y manejar el balón con criterio bajo presión. No basta con talento; hace falta colmillo competitivo.
Liverpool busca exactamente eso: alguien que complemente a Szoboszlai, que eleve el nivel medio de la sala de máquinas y que permita al equipo mantener la agresividad sin perder control. Wharton, por perfil, se ajusta al molde. El problema no es futbolístico. Es económico y estratégico: Crystal Palace tiene contrato fuerte, competición europea y un activo al alza. No regalará a su mediocentro.
Un mercado de fichajes de cifras desorbitadas
El contexto financiero de Liverpool invita a pensar en otro verano de grandes cheques. El club ya desembolsó más de 100 millones de libras por Florian Wirtz y Alexander Isak el verano pasado, y todo apunta a que la inversión volverá a ser contundente.
Diomande solo saldrá de Leipzig por una cifra superior a las 100 millones de libras. En paralelo, los de Anfield también han sido vinculados con Bradley Barcola, campeón de Champions con Paris Saint-Germain, y con el extremo de Bournemouth Rayan, ambos tasados por sus clubes por encima de esa misma barrera psicológica.
Son operaciones de élite, de riesgo calculado y retorno incierto, pero también son el tipo de apuestas que marcan el tono de un proyecto. Y en ese escenario, Wharton representa otra batalla: menos mediática que la del heredero de Salah, pero quizá igual de decisiva para el esqueleto competitivo del equipo.
Liverpool se prepara para gastar fuerte en ataque y reforzar una defensa que hizo aguas como nunca. Aun así, en los despachos no quitan la vista del centro del campo. Si el club decide ir a por Adam Wharton, la pregunta no será solo cuánto está dispuesto a pagar Liverpool, sino cuánto está dispuesto a resistir Crystal Palace ante la llamada de Anfield.






