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Kylian Mbappé y la incertidumbre sobre el futuro de Didier Deschamps

Kylian Mbappé no se resigna a ver a Didier Deschamps en otro banquillo. Mucho menos frente a él.

El seleccionador francés, que se encamina hacia el final de su etapa al frente de la selección, mantiene el misterio sobre su futuro. No descarta nada: volver al fútbol de clubes, asumir otro combinado nacional, escuchar ofertas. Lo admite desde hace meses. Pero puertas adentro, en el vestuario de Francia, hay una voz que intenta torcer ese destino.

Esa voz es la de su capitán.

Mbappé reconoce que se ha implicado en las conversaciones sobre el mañana de Deschamps. No solo le preocupa el relevo en el banquillo; le inquieta la idea de ver a su mentor convertido en rival. Y ha decidido decirlo abiertamente.

En declaraciones a M6, el delantero fue directo: «La mejor manera de rendirle homenaje es ganar porque le encanta ganar. Vamos a asegurarnos de que tenga el mejor de los últimos Mundiales. Ojalá sea el último porque espero que no entrene a otra selección». No es solo un deseo sentimental. Es casi una súplica competitiva: que el hombre que lo ha acompañado en la élite internacional no acabe al otro lado de la trinchera.

Mbappé incluso admitió que está intentando influir en los planes del técnico. «Le estoy metiendo presión», confesó. Una frase corta, pero cargada de intención. El capitán asume un papel que va más allá del césped: quiere formar parte de la decisión que marcará el final de una era en Les Bleus.

El nombre de Deschamps lleva tiempo orbitando alrededor de una posible nueva aventura: Italia. El vínculo es evidente. Pasado como jugador y entrenador en Juventus, conocimiento profundo del fútbol italiano, una trayectoria que encaja con la necesidad de reconstrucción de la Azzurra tras años convulsos y ausencias en Mundiales. Su perfil encaja con la ambición de una tetracampeona del mundo que busca recuperar peso en el escenario global.

A Mbappé, en cambio, esa idea le resulta casi una pesadilla deportiva.

Preguntado específicamente por los rumores que colocan a Deschamps en el banquillo de Italia, el capitán francés no maquilló su reacción: «Dijeron Italia, eso sería horrible». Tres palabras que resumen el vértigo de imaginar a su seleccionador diseñando planes para frenarle, analizando sus movimientos, desactivando a Francia desde otro vestuario.

Por ahora, todo eso pertenece al terreno de las hipótesis. El presente es otro: un último Mundial juntos. Un objetivo compartido. Una misión clara.

Tras la final perdida en 2022, Francia apunta de nuevo al título con un doble motor emocional: la revancha deportiva y la despedida de su entrenador. El torneo de 2026 será el capítulo final de Deschamps al frente de la selección. Antes de tomar cualquier decisión sobre su futuro, deberá atravesar una última campaña mundialista, exprimir un ciclo ganador y tratar de cerrarlo con el máximo botín posible.

El camino arranca contra Senegal, en el debut del Grupo I el 16 de junio. Después llegará Iraq, el 22, y el cierre de la fase de grupos ante Noruega cuatro días más tarde. Tres partidos para marcar el tono de un torneo que no es uno más, ni para el seleccionador ni para su capitán.

Entre el deseo íntimo de Mbappé y la libertad que reclama Deschamps para elegir su próximo paso se abre un escenario fascinante: ¿terminará esta historia con un título y un adiós… o con el viejo maestro regresando al Mundial vestido con otros colores?