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España destroza a Inglaterra 4-0 y la empuja al repechaje

En Mallorca no hubo partido. Hubo una exhibición. Y una humillación. España, campeona del mundo, arrasó 4-0 a Inglaterra, vigente campeona de Europa, y la dejó al borde de tener que jugarse el billete al Mundial en un repechaje que nadie en el entorno inglés contemplaba hace apenas unas semanas.

A Inglaterra le bastaba perder por un gol para seguir dependiendo de sí misma en la lucha por el liderato del grupo. Soñaba con un 0-1, incluso con un empate que la dejara bien colocada en el Grupo A3 antes de la última jornada. Salió con la calculadora. Se volvió con un golpe de realidad.

El resultado lo cambia todo: con el enfrentamiento directo como criterio de desempate, esta goleada y el doblete de Alexia Putellas dejan a España con la clasificación en la mano. Le basta ganar a Islandia el martes para asegurar el primer puesto y relegar a Inglaterra al camino largo y envenenado de los playoffs.

Un monólogo con balón rojo

El equipo de Sonia Bermúdez no solo ganó. Aplastó. España manejó el partido con una autoridad insultante: más del 61% de posesión, 39 toques en el área rival frente a apenas siete de Inglaterra, y a las de Sarina Wiegman metidas en su propio campo, corriendo detrás de sombras.

Durante un cuarto de hora, Inglaterra aguantó el tipo. Nada brillante, pero ordenada. Luego, el ritmo se les cayó de las botas. Toques imprecisos, llegadas tarde, duelos perdidos. El parón de casi tres semanas tras el final de la WSL se notó en piernas y cabeza. No sirve como excusa a este nivel, y menos ante una selección que llega con el impulso de una liga recién terminada y con media columna vertebral del Barcelona todavía con la adrenalina de una cuarta Champions.

La sensación era clara: si España apretaba, algo iba a romperse.

Guijarro enciende Son Moix

El punto de no retorno llegó antes del minuto 20. Lucy Bronze regaló un pase en salida, y ahí apareció Patri Guijarro, nacida en Mallorca, para castigar el error con una acción que definió la noche. Conducción agresiva, caño a Georgia Stanway sin perder velocidad y disparo raso desde unos 25 metros. El balón tocó en Esme Morgan y descolocó a Hannah Hampton.

El estadio explotó. Guijarro celebró con rabia, como si en ese disparo soltara también la frustración por una falta que reclamó segundos antes y que el árbitro no concedió. Inglaterra, en cambio, se quedó helada.

A partir de ahí, el dominio español se volvió asfixiante. Al descanso, la estadística era demoledora: una sola acción de Inglaterra en el área de España frente a 18 de las locales. Si Salma Paralluelo hubiera estado más fina, el castigo habría llegado antes.

Alexia huele sangre

El segundo gol, en el 36’, retrató la descoordinación inglesa. La zaga de las Lionesses tiró la línea, pero Alex Greenwood se quedó enganchada. Alexia Putellas, que no perdona ese tipo de regalos, atacó el espacio por la izquierda, se plantó ante Hampton y soltó un zurdazo violento. La portera del Chelsea tocó el balón, pero este hizo un extraño y terminó cayendo dentro, superando la línea de gol en un arco cruel.

Hampton pudo hacer más. Greenwood también. En realidad, casi todas las jugadoras de blanco quedaron señaladas en una jugada que condensó el desorden defensivo de la noche.

Horas antes, Bronze había hablado de que España “saca lo mejor” de Inglaterra y de una rivalidad que eleva a ambas selecciones. En el Estadi Mallorca Son Moix, la frase sonó a ironía. Inglaterra no se reconoció.

El tercer golpe, una imagen de impotencia

El 3-0 fue un mazazo casi humillante. Ona Batlle ganó la carrera a Lauren James, que resbaló en la línea de fondo. La lateral derecha llegó hasta el área y puso un pase atrás. El primer remate de Alexia lo sacó Bronze sobre la línea, el balón dio en el poste, pasó entre las piernas de Greenwood y ahí, en medio del caos, Alexia reaccionó antes que nadie: se lanzó al suelo y empujó de cabeza.

Un gol de insistencia y de instinto. Un gol que retrató la falta de reflejos, físicas y mentales, de Inglaterra.

Wiegman reaccionó rápido. Entraron Chloe Kelly y Beth Mead por James y Ella Toone. Alessia Russo retrasó su posición para ocupar la mediapunta, y Lauren Hemp pasó a jugar como referencia, sin una ‘9’ pura en el banquillo tras la ausencia de Aggie Beever-Jones, descartada por decisión técnica. Nada cambió. El daño ya estaba hecho y la estructura inglesa seguía sin respuestas.

El broche de las suplentes

Mientras Inglaterra buscaba algo de aire, España se permitió lujo y profundidad. En el minuto 78, recién salida al césped, Aitana Bonmatí conectó con otra suplente, Clàudia Pina. La delantera encaró, se perfiló hacia la derecha de Lotte Wubben-Moy y definió con un disparo seco, imparable.

Era el 4-0 y el público de Palma se entregó al espectáculo. España tocaba, combinaba, se gustaba. Showboating, pero con intención: castigar a la selección que, hace menos de un año, le había arrebatado la Eurocopa 2025 en la final y que en abril la había derrotado 1-0 en el duelo de ida.

Esta vez el guion se invirtió por completo. Inglaterra pareció una sombra de aquel bloque campeón de Europa, una sombra incluso del equipo sólido que se impuso en el primer choque del grupo.

Inglaterra, ante el espejo

Lo más inquietante para Wiegman es que el parte de bajas apenas ofrece coartadas. Solo falta una pieza capital: la capitana Leah Williamson. El resto del esqueleto de la campeona de Europa está ahí. Y, sin embargo, la distancia competitiva con España se hizo gigantesca en 90 minutos.

Lo que viene ahora no es solo una última jornada de fase de clasificación. Es un examen de identidad. Si España cumple ante Islandia, Inglaterra se verá abocada a un repechaje incómodo, con un Mundial en el horizonte y muchas dudas en la mochila.

El diagnóstico será duro. El tiempo, corto. La pregunta es sencilla y brutal: ¿puede esta Inglaterra recomponerse lo bastante rápido como para llegar al próximo Mundial siendo de nuevo una candidata… si es que consigue llegar?