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Escocia se prepara para enfrentar a Haití en el Mundial

Steve Clarke ya había recibido el aviso mucho antes de que Haití goleara 4-0 a Nueva Zelanda en Fort Lauderdale. Para él, lo del Chase Stadium solo confirmó lo que venía repitiendo puertas adentro: no hay rival menor en un Mundial, y mucho menos este Haití.

La selección escocesa se encuentra en New Jersey para su último amistoso, este sábado ante Bolivia, antes de debutar en la Copa del Mundo frente al combinado caribeño en Foxborough el próximo fin de semana. Es el regreso de Escocia a la gran escena desde 1998, con una vieja cuenta pendiente: alcanzar por primera vez las rondas de eliminación directa.

Sobre el papel, Haití —dirigida por el francés Sebastien Migne y ubicada en el puesto 81 del ránking mundial— aparece como la oportunidad más clara de sumar tres puntos en un grupo que también incluye a la campeona de África, Marruecos, y a Brasil. Sobre el césped, la historia pinta bastante menos cómoda.

La paliza a Nueva Zelanda ha hecho que muchos revisen sus pronósticos. Clarke, no. Él ya había tomado nota.

En el Sports Illustrated Stadium, el seleccionador fue tajante al analizar a su primer rival mundialista: “Estuvieron realmente bien la otra noche”. Y fue más allá. Denunció un vicio arraigado en las islas: “Tenemos una costumbre terrible, no solo en Escocia, sino en el Reino Unido en general, de mirar a estas naciones y pensar que no son muy buenas, o fijarnos en su puesto en el ránking”.

Para Clarke, esa mirada es engañosa. “Juegan en otra zona del mundo, así que quizá en su sección son realmente buenos”, advirtió. El vídeo del amistoso contra Nueva Zelanda refuerza su argumento: “Si los viste jugar la otra noche, fueron mucho mejores que Nueva Zelanda”.

No se quedó en generalidades. Describió a Haití como un equipo “grande, fuerte, físico”, pero matizó de inmediato: no se trata solo de choque. “No solo grandes, fuertes y físicos… también técnicos. Tienen buenos jugadores que compiten en buenas ligas”.

Por eso insiste en que nunca se hizo ilusiones de un estreno plácido. “Nunca estuve bajo ninguna ilusión, iba a ser un partido duro, y probablemente está bien que alguna gente haya podido ver cómo jugaron el otro día, porque va a ser un partido difícil para nosotros”.

Mientras el análisis del rival se afina, Escocia lidia con un golpe propio: la baja de Billy Gilmour. El mediocampista se lesionó la rodilla en la victoria 4-1 ante Curazao el pasado fin de semana y se perderá el Mundial. Un mazazo para el grupo y para el plan de juego de Clarke.

El técnico, con pasado en Reading, West Brom y Kilmarnock, reconoció la decepción, pero no contempla bajar la intensidad en este tramo final de preparación. Reveló que hay varios jugadores con pequeñas molestias, aunque nada grave, y respondió con cierta ironía cuando se le sugirió dosificar esfuerzos en el amistoso ante Bolivia: “¿Quieres que los envuelva en algodón y no entrenen? Hay que trabajar”.

Para él, el riesgo forma parte del oficio. “Las lesiones son parte y parcela del fútbol. Cuando suceden, especialmente en las circunstancias en las que le pasó a Billy, es realmente decepcionante”, admitió. Pero marcó el camino: “Todos tienen que respirar hondo y seguir adelante”.

El plan no se toca. “La selección es sencilla. Tenemos que hacer lo que tenemos que hacer para prepararnos para el partido contra Haití”, remarcó. Eso significa minutos, carga competitiva y pruebas específicas: “Los jugadores necesitan minutos. Necesito ver a uno o dos jugadores en ciertas posiciones en el campo”.

Bolivia, entonces, no será un trámite de verano, sino un ensayo serio. Después quedará una semana para ajustar detalles de cara al estreno en Foxborough. “Todo tiene que ver con la preparación. No se trata de intentar proteger jugadores ni nada por el estilo”, zanjó Clarke.

Escocia vuelve al Mundial con ilusión, pero su entrenador se encarga de recordarle a todo el entorno que el margen de error es mínimo. El primer examen se llama Haití y ya ha avisado con un 4-0. La cuestión es si Escocia está dispuesta a escuchar ese mensaje hasta las últimas consecuencias.