Escocia se impone 6-0 a Israel en la lucha por el Mundial
En el silencio helado del Bozsik Arena, el grito de Erin Cuthbert sonó más fuerte que cualquiera de los seis goles de Escocia. Sin público, sin murmullo de grada, solo unos pocos familiares y amigos en un estadio de 8.000 asientos convertido en “casa” improvisada para una selección que se juega un Mundial lejos de Glasgow. Y, de repente, la imagen que nadie quería ver: la centrocampista del Chelsea en el césped, llevándose la mano a la pierna derecha.
Hasta ese instante, todo iba según el plan. Escocia trituraba a Israel, 6-0, exactamente el marcador que necesitaba para mantenerse en la cima del Grupo B4 de la clasificación europea rumbo al Mundial de 2027, por delante de Bélgica. La diferencia de goles es oro en este grupo, y Cuthbert, el motor creativo, apretaba una vez más para estirar la renta cuando cayó como si la hubiera alcanzado un rayo tras un choque aparentemente inocuo.
El ruido seco de la caída y su reacción lo dijeron todo. No fue un simple golpe. Sus gestos de dolor retumbaron en las gradas vacías, mientras sus compañeras se quedaban paralizadas. Poco después, la camilla confirmó los peores temores del momento: Cuthbert abandonó el campo entre evidentes muestras de agonía, camino del hospital.
Melissa Andreatta, seleccionadora escocesa, se negó a aventurar diagnósticos. No quiso entrar en “cómo va a evolucionar” la lesión. Kirsty Hanson, autora del sexto gol, se limitó a asegurar que Cuthbert estaba “bien atendida” y a desear “buenas noticias”. Sus rostros contaban otra historia. La celebración del 6-0 fue contenida, casi incómoda. Escocia está acostumbrada a que cada gran noche llegue acompañada de una sombra.
Esta vez, la luz vino desde Bélgica. En el segundo turno, en el Den Dreef Stadion, las belgas cumplieron el guion y vencieron a Luxemburgo. Pero solo 6-0. Un resultado que en cualquier otra jornada sería una goleada rotunda, aunque aquí se leyó con otra lupa: Escocia ya le había endosado un 7-0 al colista del grupo en Hampden. Las escocesas habían arrancado la noche con cuatro goles de ventaja en la diferencia respecto a Bélgica. Y, tras los dos marcadores calcados, la brecha se mantuvo intacta de cara a la última jornada del martes.
Bélgica seguirá siendo favorita para inflar su estadística cuando vuelva a enfrentarse a Luxemburgo, esta vez a domicilio. Escocia, por su parte, repetirá escenario: otra vez “visitante” ante Israel en el mismo Bozsik Arena, convertido por decisión de la UEFA en sede neutral para los partidos del combinado de Oriente Medio por motivos de seguridad.
Hasta entonces, Andreatta quiere afinar todavía más el colmillo ofensivo. “Seguiremos puliendo nuestras acciones en el último tercio” de aquí al martes, advirtió, con la vista puesta en cada gol como un pequeño tesoro en la carrera por el primer puesto. La entrenadora se mostró satisfecha: “La actuación fue lo que buscábamos. El partido empezó muy rápido. Moldeamos el juego y dominamos. En eso nos vamos a centrar: cómo seguir siendo dominantes en el segundo partido”. Le gustó, sobre todo, la variedad: goles en juego abierto, segundas jugadas tras balón parado. Un abanico que, según ella, complica cualquier plan defensivo rival.
Andreatta ya piensa en volver a “un estadio precioso”, con “un buen césped”. Probablemente lo hará sin una de sus piezas más determinantes. Cuthbert, la mitad de un dúo de centrocampistas de talla mundial, fue esencial para abrir y agrandar las grietas en la zaga israelí. Marcó el primer gol de Escocia y asistió otros dos. Su ausencia, si se confirma, dejará aún más peso sobre los hombros de Caroline Weir. Como si la capitana no cargara ya suficiente responsabilidad.
Weir respondió a la presión con una actuación de jugadora grande. Firmó un triplete y se quedó cerca de ampliarlo. Todo mientras su futuro de club apunta lejos de Real Madrid este verano. En Bozsik Arena, su jerarquía se impuso con naturalidad. “Lidera desde delante aunque juegue en el centro del campo. Es una persona y una jugadora con clase y, cuando la situación importa de verdad, da un paso al frente”, destacó Andreatta. “Eso era lo que necesitábamos esta noche”.
Hanson también se rindió a la capitana. “Es un referente para todas, la miramos y aprendemos de ella. Marca los estándares y, si ella juega bien, todas jugamos bien”, subrayó. Pese a la goleada, el mensaje del vestuario fue claro: satisfacción, sí, pero sin euforia. “Estamos muy contentas por marcar muchos goles, pero tenemos otro partido y ya pensamos en el siguiente”.
Ese siguiente encuentro lo decide casi todo. No solo el liderato del grupo y el ascenso a la League A de la Nations League, sino también el camino hacia el Mundial de 2027 en Brasil. Solo las campeonas de grupo de League A tendrán billete directo desde Europa. En el Grupo B4, tres selecciones irán al repechaje, pero el matiz es enorme: las ganadoras de grupo serán cabezas de serie y se cruzarán con las cuartas de League A, mientras que segundas y terceras de League B se medirán a rivales de más entidad.
Cada gol, cada detalle, pesa. Con o sin Cuthbert, Escocia se asoma al martes con una misión doble: ganar, gustar y, sobre todo, seguir sumando tantos sin perder el equilibrio. En un grupo donde la diferencia de goles marca la frontera entre el sueño directo y el camino empedrado del play-off, la pregunta ya no es si este equipo puede marcar. La cuestión es cuántas veces más será capaz de golpear antes de que el reloj se quede sin minutos.






