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Cristiano y los laterales de Inglaterra: el ruido supera al fútbol

La semana de selecciones deja goles, dudas tácticas y, cómo no, una buena ración de exageraciones. Entre la defensa de Inglaterra convertida en rompecabezas nacional, un supuesto “ataque brutal” a Cristiano Ronaldo y hasta un “tabú” roto en Match of the Day, el balón a veces parece lo de menos.

Inglaterra, el Mundial… y una defensa de ciencia ficción

“Si Tuchel pudiera traer la zaga del Arsenal –Jurrien Timber, William Saliba, Gabriel y Riccardo Calafiori– Inglaterra ganaría el Mundial”. La frase, firmada por Charlie Wyett en The Sun, suena más a videojuego que a análisis de plantilla.

El razonamiento es sencillo: el centro del campo y el ataque de Inglaterra serían tan potentes que, con esa defensa idealizada, el título estaría prácticamente asegurado. Pero el salto de lógica es enorme. ¿Por qué detenerse en la línea de cuatro? Si el ejercicio es imaginar, que entre también David Raya bajo palos. Y ya que estamos, Kylian Mbappé y Lionel Messi de revulsivos, turnándose con Djed Spence. Fútbol fantástico, pero lejos de la realidad de un torneo.

Wyett insiste en que el problema está en los laterales. Habla de “caos” en esas posiciones y apunta a la decisión de no sustituir al lesionado Tino Livramento por un lateral “de perfil similar”. La cuestión es clara: Livramento, sano, difícilmente habría tenido un papel protagonista. Su reemplazo, previsiblemente, tampoco. Construir un “drama” alrededor del jugador número 25 de la lista roza la caricatura.

El técnico ha optado por Trevoh Chalobah, central, para completar la defensa. Y ahí llega el veredicto: “Inglaterra no tiene un lateral natural que esté sano y en forma”. La frase esquiva con cuidado a los dos laterales que jugaron en la victoria ante Croacia. Sobre Reece James puede haber dudas físicas, sí, pero el discurso se sostiene sobre una colección de matices que buscan alimentar la alarma.

Y aparece otro nombre propio: Nico O’Reilly. “Ha estado jugando bien, pero es un centrocampista al que están encajando atrás”, se escribe. El detalle que se omite: es el lateral izquierdo titular del Manchester City. Si Pep Guardiola considera que su sitio está ahí, cuesta ver el problema como una emergencia nacional.

Lo más irónico es que esa defensa soñada de Timber, Saliba, Gabriel y Calafiori, presentada como modelo, no incluye ni un solo “lateral natural” en el sentido más clásico del término. Exigencia máxima para la selección, manga ancha para la fantasía.

Luke Shaw, de “ridículo” a obvio

Wyett añade otra pieza al rompecabezas: la ausencia de Luke Shaw. “Fue ridículo que Tuchel no lo convocara tras una buena temporada en el Manchester United”, escribe, para acto seguido reconocer que su exclusión “no fue una sorpresa”, ya que no juega con la selección desde la final de la Euro 2024.

La frase se desarma sola. Si un jugador lleva tanto tiempo fuera del ecosistema de la selección, su ausencia en la lista es, precisamente, lo contrario a “ridícula”: es coherente con la línea que se venía siguiendo.

Cristiano Ronaldo y una “rajada brutal” que nunca existió

El siguiente capítulo llega con Cristiano Ronaldo en el centro del huracán. O al menos, en el centro del titular. “JUST ANOTHER PLAYER” y “Cristiano Ronaldo blasted by Portugal World Cup team-mate after DR Congo horror show”, anuncia el portal de The Sun, prometiendo una crítica feroz desde dentro del vestuario de Portugal.

Con semejante envoltorio, cualquiera esperaría un ajuste de cuentas público, un Bruno Fernandes desatado, un dardo directo a la figura del capitán. Nada de eso.

Lo que dijo João Neves fue esto:

“Sabemos lo que Cristiano ha hecho por nosotros, por nuestra selección y por el mundo del fútbol. Pero en este momento, él y nosotros sabemos que no es diferente. Es solo un jugador más aquí para ayudar. No es diferente de los demás. Está aquí para contribuir, como todos nosotros”.

Eso es todo. Reconocimiento a su legado, mensaje de igualdad dentro del grupo y una idea clara: en la selección actual, todos compiten en el mismo plano. Llamar a eso “comentarios brutales” o decir que Cristiano ha sido “destrozado” exige una imaginación notable.

Lo que sí existe es una realidad ya habitual: un ejército de aficionados hiperactivos en redes, dispuestos a convertir cualquier matiz en agravio. Ese “storm” del que hablan los titulares no es una guerra civil en el vestuario, sino ruido digital de corto recorrido.

Cole Palmer, humilde; Raheem Sterling, tacaño

Otra escena curiosa: Cole Palmer, descrito como “estrella humilde” por volar con Jet2. El gesto, aparentemente, lo eleva como ejemplo de sencillez en tiempos de fútbol millonario.

El contraste llega al recordar cómo se trató a Raheem Sterling en una situación muy similar. Cuando viajó con EASYJET, el relato fue muy distinto: “penny pinching”, “se ha rebajado a una aerolínea barata”, todo ello subrayado por la coletilla de que “gana 200.000 libras a la semana”.

Mismo contexto, tono opuesto. El matiz no está en la aerolínea, ni en el sueldo, ni en el asiento. Está en la mirada. Y en quién protagoniza la historia.

Mark Chapman y el “delito” de no ser ingenioso

El fútbol televisado también tiene sus “reglas no escritas”. Según The Sun, Mark Chapman rompió una de Match of the Day tras el empate entre Czechia y Sudáfrica.

Su “ofensa” fue cerrar la emisión con una frase sencilla: “A veces un partido no merece un cierre realmente ingenioso. Adiós”.

A partir de ahí, se habla de una norma tácita en la BBC: siempre debe haber un guiño brillante al final del programa. Como si el buen cierre fuera un mandamiento y no una aspiración.

Dos apuntes bastan. Primero: llamar a eso “regla no escrita” suena pomposo. Segundo: la propia frase de Chapman funciona precisamente como un cierre ingenioso, jugando con la expectativa de un remate brillante… para negarlo con elegancia.

No hubo gritos, ni salidas de tono, ni nada que amenazara la solemnidad del formato. Solo un presentador que leyó bien el partido: si el encuentro no da para fuegos artificiales, mejor no fingirlos.

Emma Hayes y la pizarra “minúscula”

El último episodio lo protagoniza Emma Hayes. El debate sobre su figura, su salto y su presencia mediática lleva tiempo sobrecalentado, y cualquier detalle sirve para alimentar la conversación.

En este caso, el foco se puso en el set televisivo donde realizó su análisis táctico: “Hayes se vio obligada a hacer su análisis en una pequeña pizarra negra en un plató que parecía una pequeña cocina, desatando indignación en redes”, se recoge en la web de The Sun.

La palabra clave es “obligada”. Como si la entrenadora hubiera sido arrinconada a la fuerza en un rincón indigno, reducida a una especie de sketch doméstico. El remate llega con la “pequeña pizarra negra”, convertida casi en símbolo de falta de respeto.

La escena, en realidad, habla más de la obsesión por amplificar agravios que de un verdadero escándalo. No es precisamente la tele de plasma de Michael Scott, pero tampoco un castigo público. Es un recurso visual modesto, discutible si se quiere, elevado a categoría de afrenta.

Entre defensas imposibles, “rajadas” que no lo son, cierres de programa elevados a sacrilegio y pizarras que incendian las redes, queda una pregunta incómoda: ¿cuánto espacio le estamos cediendo al ruido mientras el fútbol, el de verdad, se juega en otro lado?

Cristiano y los laterales de Inglaterra: el ruido supera al fútbol