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Arsenal vuelve a reinar en la Premier League

Arsenal vuelve a reinar en la Premier League. Veintidós años después, el título viaja de nuevo al norte de Londres gracias a un tropiezo de Manchester City en la costa sur. El empate en casa de Bournemouth deja a los de Pep Guardiola sin opciones y entrega matemáticamente el campeonato al equipo de Mikel Arteta, que levantará el trofeo el domingo en el campo de Crystal Palace.

La noche en el compacto estadio de los Cherries tuvo algo de fin de era. Entre rumores insistentes de que Guardiola dejará el banquillo del City al final de la temporada, su equipo se presentó a un partido que tenía que ganar… y salió sin la victoria, sin la liga y con la sensación de que el ciclo dorado se apaga.

Bournemouth se rebela, el City se diluye

El ambiente fue eléctrico desde el inicio. La grada, encendida, empujó a un Bournemouth que no se dejó intimidar por el gigante. El equipo de Andoni Iraola, lanzado y sin complejos, jugó con una intensidad que el City nunca llegó a igualar.

Los visitantes, obligados a ganar para alargar la pelea por el título cinco días más, ofrecieron una versión extraña: posesión sin filo, ataques previsibles, demasiada distracción para una noche así. Parecían tener la cabeza en otra parte, quizá en el futuro del técnico, quizá en la acumulación de años de exigencia máxima.

El primer gran aviso fue para los locales. Evanilson, dentro del área pequeña, mandó inexplicablemente por encima un servicio raso perfecto de Marcus Tavernier. La jugada quedó invalidada por fuera de juego, pero el mensaje estaba claro: Bournemouth no iba a ser comparsa.

El City respondió con una acción trenzada de libro, culminada con un toque sutil que Gianluigi Donnarumma desvió con reflejos. Un aviso, nada más. Porque la estocada la dio un chico de 18 años.

Junior Kroupi firma el gol de la noche

A seis minutos del descanso, Junior Kroupi recibió, encaró y dibujó una rosca deliciosa al segundo palo. Un golpeo de talento puro, imposible para Donnarumma, que firmaba así su 13º gol de la temporada. El estadio estalló. El campeón en ejercicio, contra las cuerdas.

El tanto hizo justicia a lo que se veía sobre el césped: un Bournemouth más agresivo, más rápido, más decidido. El City, en cambio, caminaba. Tocaba, pero no hería. Y cuando un equipo de Guardiola deja de morder, se convierte en vulnerable.

La segunda parte arrancó con otra señal de que la noche no iba a ser sencilla para los de Manchester. Djordje Petrovic, seguro y sereno, sacó una mano decisiva para negar el gol a Nico O'Reilly poco después de la reanudación. Esa parada sostuvo a los locales en el momento en que el City intentaba subir una marcha.

Iraola se despide con Europa en el bolsillo

En el banquillo local, la historia también tenía tintes de despedida. Andoni Iraola ya ha anunciado que se marchará al final de la temporada. Con este resultado, se asegura dejar al club en Europa el próximo curso. No es un detalle menor: es una hazaña.

El empate mantiene a Bournemouth a tres puntos del quinto, Liverpool. Aun así, el sexto puesto también podría abrir la puerta de la Champions League si Aston Villa gana la Europa League el miércoles y termina la Premier en quinta posición. Si no, el billete a la Europa League ya está garantizado. Pase lo que pase, el legado de Iraola queda blindado.

Su sucesor, el alemán Marco Rose, ya está elegido. Hereda un equipo que ha encadenado 17 partidos sin perder y que ha tumbado, simbólicamente, la defensa del título del City. La vara de medir no puede ser más alta.

El City reacciona tarde

El guion pudo ser aún más cruel para los de Guardiola. Antoine Semenyo, de vuelta y con ganas de revancha ante su exequipo, celebró un gol que no subió al marcador por fuera de juego. Bournemouth olía sangre y corría cada contraataque como si fuera el último.

Erling Haaland, máximo goleador de la liga, tuvo una ocasión clara con un derechazo poderoso desde un ángulo cerrado, pero Evanilson se cruzó para bloquear un disparo que llevaba violencia y destino. El noruego chocaba una y otra vez contra un muro.

En el tramo final, con el City volcado, el partido se rompió. Alex Scott tuvo en sus botas la sentencia: se plantó solo, encaró, definió… y la pelota se estrelló en el poste. El estadio contuvo la respiración. El campeón aún respiraba.

La presión, al fin, encontró rendija en el minuto 95. Haaland apareció en el área para marcar el empate tardío que, durante unos segundos, pareció abrir una rendija de esperanza. Rodri ya había golpeado el palo en el tiempo añadido. El asedio estaba servido. Pero no alcanzó.

El pitido final confirmó lo inevitable: el punto no bastaba. El título se escapaba. Arsenal, desde la distancia, celebraba el fin de una espera de más de dos décadas.

El final de una década dorada

Si se cumplen los pronósticos y el duelo del domingo ante Aston Villa se convierte en la despedida de Guardiola, el técnico de 55 años cerrará su etapa en el City con seis Premier League, pero también con algo inédito en su carrera: dos temporadas seguidas sin terminar en lo más alto del campeonato doméstico.

Le quedarán la FA Cup y la Carabao Cup como posible broche a una década de dominio casi absoluto. No es un mal botín, pero tampoco es el que el City imaginaba cuando arrancó esta campaña.

El dato es contundente: el City había ganado 16 de sus 17 enfrentamientos ligueros contra Bournemouth. Ahora encadena dos partidos sin vencer en este estadio, y este último tropiezo ha sido definitivo. No cayó con estrépito, pero sí con un susurro. Con un empate que sabe a final de ciclo.

Mientras Enzo Maresca aguarda su turno, Guardiola y sus jugadores tendrán que recomponerse para un último baile cargado de emoción. En la otra orilla, Bournemouth se prepara para escuchar un himno nuevo la próxima temporada.

¿Será el de la Champions League retumbando en este pequeño estadio de la costa sur? Esa respuesta, como el futuro del City post-Guardiola, llegará muy pronto.

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