Argentina enfrenta el desafío de la juventud en el Mundial
La campeona del mundo aterriza en Kansas City con un aire conocido. Muy conocido. La base que levantó la Copa del Mundo en Lusail sigue casi intacta tres años y medio después: 17 de los 26 convocados ya estuvieron en Qatar, y de los once titulares ante Francia solo falta uno, Ángel Di María, retirado de la selección tras ser elegido Mejor Jugador de la final de la Copa América 2024.
Es la firma de la era Scaloni: continuidad extrema. Lealtad a un núcleo que le ha respondido en cada torneo. Dieciséis de los jugadores actuales ya formaban parte del grupo que ganó la Copa América 2021, el primer título del ciclo. Un contraste brutal con otras potencias: solo 11 futbolistas de la Brasil campeona continental hace cinco años están hoy en Norteamérica —tres de ellos, porteros—, mientras que Inglaterra apenas conserva nueve nombres de la Eurocopa en la que alcanzó la final ese mismo verano.
Argentina, en cambio, se ha construido a base de convivencia, códigos compartidos y una camaradería que se parece más a una hermandad que a un vestuario cualquiera. El problema es que el reloj no se detiene ni por las leyendas.
Una selección veterana, con el tanque en la reserva
Nueve jugadores superan ya la barrera de los 30 años. No es un detalle menor cuando hablamos de piezas clave: Emiliano Martínez, Rodrigo De Paul y, por supuesto, Lionel Messi, que cumplirá 39 durante su sexto Mundial, un récord absoluto.
En el otro extremo, la juventud escasea. Solo tres futbolistas —Giuliano Simeone, Valentín Barco y Nico Paz— están por debajo de los 25 años. Nombres como Franco Mastantuono o Alejandro Garnacho se quedaron fuera, decisión que refuerza la sensación de que Scaloni ha preferido blindarse con los suyos antes que abrir la puerta a una renovación profunda.
La media de edad supera los 29 años, pero la preocupación va más allá del dato frío. El desgaste acumulado es feroz. A la Copa América 2024 se le sumó el Mundial de Clubes del verano pasado, en el que participaron 11 de los convocados. Para muchos, las últimas tres temporadas han sido una carrera sin pausas.
Enzo Fernández y Julián Álvarez son el ejemplo más claro: desde el inicio de la 2024-25 han jugado 121 partidos cada uno entre club y selección. No es casualidad que Álvarez llegara al tramo final de la temporada del Atlético de Madrid entre algodones por un problema de tobillo. Y cuesta imaginar que el despliegue inagotable de Enzo no pase factura en algún momento, aunque con 25 años siga en plenitud física.
Alexis Mac Allister también acusa las millas. Sin haber disputado el Mundial de Clubes, el mediocampista del Liverpool suma 119 encuentros con club y selección en las dos últimas campañas. Está previsto que sea titular en el debut ante Argelia el martes, pero su rendimiento en la Premier League en los últimos nueve meses enciende las alarmas. La sensación es clara: entrará con la confianza del cuerpo técnico, pero con la correa corta.
Las críticas no han llegado solo desde Argentina. En febrero, durante una derrota del Liverpool ante el Manchester City, el ex extremo Jermaine Pennant lo señaló públicamente y luego lo explicó en TalkSport: habló de un jugador que, tras su lesión en pretemporada, parecía “una sombra” de lo que era, “como si se le hubieran ido las piernas”, un mero espectador en un partido grande. Un diagnóstico duro, pero que conecta con la impresión general de desgaste.
La vieja guardia, otra vez al frente
Nada de eso ha modificado el plan de Scaloni. Fiel a su libreto, volverá a confiar en el bloque que jamás le falló en un gran torneo. Siete de los once que arrancaron la final de 2022 apuntan a ser titulares en el Arrowhead Stadium frente a Argelia. Y esa cifra podría haber subido a diez si Julián Álvarez, Nicolás Tagliafico y Nahuel Molina no hubieran llegado con molestias.
Cristian Romero, Nicolás Otamendi, Enzo Fernández, De Paul, Mac Allister y Messi repetirán su papel central. Arriba, Lautaro Martínez —Bota de Oro de la Copa América 2024— tomará el lugar de Álvarez como nueve de referencia. Es un equipo que sabe sufrir, competir y ganar. La duda es otra: ¿alcanza con eso en un Mundial que se le puede hacer largo a unas piernas tan cargadas?
La respuesta puede estar en cuánto se atreva Scaloni a romper su propio molde.
Barco, Simeone, Paz: la juventud que golpea la puerta
La prudencia del seleccionador se nota en cada decisión. También en el lateral izquierdo. Con Tagliafico fuera del debut, lo lógico parecería ser la entrada de Valentín Barco, uno de los nombres que más ilusión generó en los últimos amistosos.
El zurdo del Strasbourg, que apunta a fichar por el Chelsea este verano, viene de marcar en dos de los tres últimos partidos de la Albiceleste, aunque actuando algo más adelantado. Su posición natural es la de lateral izquierdo, y con 21 años ofrece algo que este equipo empieza a necesitar con urgencia: piernas frescas y vértigo por banda.
Scaloni, sin embargo, se inclina por otra vía. El elegido para marcar al veterano Riyad Mahrez será Lisandro Martínez. El defensor del Manchester United garantiza solidez y oficio, pero su ADN es de central: difícil imaginarlo pisando línea de fondo con frecuencia. Un mensaje claro: primero, no sufrir.
En la derecha, la apuesta joven sí será inevitable, aunque por necesidad más que por convicción. Giuliano Simeone se perfila como titular en un rol que no le es propio: lateral derecho. Con Molina y Gonzalo Montiel todavía en fase de recuperación, el hijo del “Cholo” tendrá que improvisar en una zona ajena, al menos hasta que uno de los especialistas esté listo para más que un puñado de minutos.
Y luego está el gran debate generacional: Nico Paz.
El mediocampista de 21 años ha incendiado la Serie A con el Como en las dos últimas temporadas. Bajo la guía de Cesc Fàbregas, firmó 13 goles y 7 asistencias en la última campaña, clave para un cuarto puesto histórico y la clasificación a la Champions de un equipo ascendido en 2024. Fue elegido Mejor Centrocampista del curso en Italia. No es un detalle menor: se trata de un chico con jerarquía de estrella en una de las grandes ligas.
Su cláusula de recompra hace pensar que el Real Madrid lo recuperará en verano. Su fútbol invita a algo más que pensar: rompe líneas, arriesga con el balón, ve pases que otros no se atreven a intentar. Es justo lo contrario del Mac Allister apagado de los últimos meses.
Paz arrastra una leve molestia en la rodilla y arrancará desde el banquillo. Aun así, su nombre flota sobre el equipo como una promesa y una tentación. Si el mediocampo se muestra espeso, si la circulación se vuelve previsible, Scaloni tendrá delante de sí una decisión que puede marcar el torneo: sostener la jerarquía del pasado o abrirle la puerta al descaro del presente.
Ya lo hizo una vez. En Qatar, la entrada de Enzo Fernández a mitad de la fase de grupos cambió el rumbo del Mundial. La historia le recuerda como un movimiento valiente. Esta vez, el contexto es distinto, pero la lógica es parecida: la lealtad tiene un límite cuando el físico y el ritmo competitivo empiezan a decir basta.
Un camino lleno de trampas y un último baile
El cuadro no concede margen para demasiados experimentos tardíos. Si Argentina cumple con el guion y gana el Grupo J por delante de Argelia, Austria y Jordania, se cruzará en octavos de final con el segundo del Grupo H. Podría ser España, aunque hoy parece más probable Uruguay. Un examen serio a las primeras de cambio.
Superado ese escollo, el horizonte se despeja un poco: en octavos esperaría el segundo del Grupo D —hoy mismo, Australia— o del Grupo G, donde apuntan a competir Bélgica, Egipto o Irán. Un rival duro, pero asumible para un campeón del mundo en plenitud.
El verdadero salto de dificultad llegaría en cuartos. Si las cabezas de serie cumplen, el rival sería Portugal. Messi contra Cristiano Ronaldo en el que, casi con total seguridad, sería el último Mundial para ambos. Un choque con aroma de despedida y de juicio final para una generación irrepetible.
Para entonces, Argentina necesitará algo más que memoria emotiva. Scaloni deberá tener claro cuál es su mejor once, cuánto puede exprimir todavía a su guardia vieja y en qué momento abrirle paso definitivo a los Paz, Barco o Simeone.
El seleccionador ha ganado todo lo que ha jugado desde 2021. Va por su cuarto gran título consecutivo. Pero esta vez, quizá, el desafío no sea solo ganar, sino atreverse a cambiar mientras todavía está ganando. Porque el último baile de Messi no admite medias tintas.






