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Virgil van Dijk: el capitán incansable del Liverpool

Virgil van Dijk acaba de firmar una de esas hazañas que explican por qué su nombre ya está incrustado en la historia reciente del Liverpool. En la Premier League 2025-26 fue el único jugador de campo de todo el campeonato que disputó todos y cada uno de los minutos de la temporada con su equipo. Ni una rotación, ni un descanso, ni una sustitución táctica. Noventa tras noventa, jornada tras jornada.

Lo hizo en su octava campaña completa con los Reds, las tres últimas luciendo el brazalete de capitán. A punto de cumplir 35 años en julio, el neerlandés se prepara ahora para liderar a Países Bajos en el Mundial antes de regresar a Anfield, donde le esperan más responsabilidades y un legado ya imponente: 374 partidos y dos títulos de liga con Liverpool.

El secreto: “disciplina, disciplina y disciplina”

En la última edición de WALK ON, la eMagazine oficial del club, Van Dijk no se esconde cuando le preguntan cómo mantiene ese nivel de fiabilidad física. La respuesta llega sin rodeos: “Disciplina, disciplina y disciplina”.

Para él no es un eslogan, es una forma de vida. Explica que siente “la responsabilidad de estar ahí cada vez y también de rendir cada vez”. No habla solo de presentarse al partido, sino de hacerlo con un estándar que no admite excusas.

La temporada anterior, 2024-25, se quedó a las puertas del pleno. No jugó todos los minutos porque en el tramo final, ante Brighton, se quedó en el banquillo. Lo recuerda casi como una anomalía dentro de una carrera en la que la continuidad se ha convertido en su sello.

Van Dijk subraya que nada de esto es casualidad. Detrás hay “mucho trabajo duro entre bastidores” para estar listo y asumir “la responsabilidad por el equipo”. Recuperar bien, comer bien, llevar “el estilo de vida adecuado” en su conjunto. Añade la terapia física, el yoga, y toda una rutina que prefiere no detallar, pero que define un profesional obsesionado con rendir de forma constante.

El cuerpo después de la rodilla

Su discurso cobra más peso cuando mira atrás. “He tenido una temporada aquí en la que, por desgracia, me perdí muchos partidos”, recuerda, en referencia a la grave lesión de rodilla que marcó un antes y un después en su carrera. El resto de los años, en cambio, ha superado con frecuencia la barrera de los 40 encuentros.

Lo que más le llamó la atención fue un dato concreto: “Creo que la temporada con más partidos antes de esta fue la temporada después de mi lesión de rodilla”. Para un central que basa parte de su juego en la potencia y el dominio físico, esa estadística es algo más que un apunte curioso. Es una declaración de cómo ha reconstruido su cuerpo y su confianza.

“Es lo mejor que hay, jugar partidos”, admite. Y actúa en consecuencia: “Hago todo por eso y quiero seguir haciéndolo al máximo nivel”. No hay un plan de retirada en su discurso, solo la voluntad de estirar al límite sus años en la élite.

El veterano que marca el camino

Van Dijk asume ya un rol diferente en el vestuario. “Estoy en una situación en la que obviamente soy el más viejo del equipo”, reconoce. No lo dice con resignación, sino casi con orgullo. Para él, la edad no cambia su esencia competitiva.

Su objetivo ahora va más allá de su propio rendimiento. “Solo quiero inspirar – que otros jugadores vean lo que hago para poder jugar la cantidad de partidos que he jugado y con la consistencia que tengo”. El mensaje es claro: el ejemplo está ahí, el siguiente paso depende de los que vienen detrás.

Su liderazgo no nació con el brazalete, pero sí se consolidó muy pronto. “Llegué hace ocho años y medio y seis meses después fui nombrado tercer capitán”, recuerda. Aquella responsabilidad temprana le moldeó: “Me hizo también el jugador que soy hoy: liderar y ser parte del grupo que ha tenido tanto éxito”.

Lo define con una palabra que no suena vacía en su boca: “Ha sido un privilegio”.

Ahora, a las puertas de un Mundial con Países Bajos y con Anfield esperando su regreso, Van Dijk afronta el siguiente capítulo con la misma idea fija: seguir jugando, seguir mandando, seguir siendo el defensa que nunca mira al banquillo cuando el cuarto árbitro levanta el cartel.