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Savinho y el dilema del Tottenham y el City

El nombre de Savinho vuelve a cruzarse en el camino del Tottenham y del Manchester City, un año después. El club londinense quiere al extremo brasileño por segundo verano consecutivo. En el Etihad, en cambio, la sensación es mucho más ambigua: no habría lágrimas si se marcha, pero la decisión abre un problema mayor.

Cuando el City Football Group lo llevó desde Troyes tras su brillante cesión en el Girona, se habló de él como el gran modelo de éxito del proyecto global del grupo. El siguiente gran acierto. El fichaje perfecto para alimentar la máquina de Pep Guardiola.

Nada de eso ha terminado de cuajar.

Un talento que se queda a medias

Con 22 años, Savinho vive en esa tierra de nadie que desespera a entrenadores y aficionados. Se ve el potencial. Se intuye el desborde, la chispa, la capacidad para desequilibrar en el último tercio. Pero casi siempre se queda en el “casi”.

Guardiola lo ha repetido desde hace tiempo: en cuanto entienda de forma constante qué debe hacer en los metros finales, será un jugador formidable. El problema es que esa promesa no se ha convertido aún en realidad. No del todo. No al nivel que exige un campeón de la Premier.

El golpe más duro no ha llegado desde Manchester, sino desde Brasil. Savinho ni siquiera entró en la prelista de 55 jugadores para el Mundial de este verano. Ni rastro. Un dato que pesa. Fichar por el City suele abrir puertas en las selecciones, no cerrarlas. Aquí ha ocurrido lo contrario.

Redes sociales que no ayudan

Mientras el rendimiento genera dudas, la puesta en escena fuera del campo tampoco juega a su favor. Otra vez, las redes sociales se convierten en un ruido innecesario.

El verano pasado, en pleno interés del Tottenham, aparecieron en Instagram fotos del jugador con maletas en primer plano. Esta semana, su agente publicó una imagen de ambos en Londres, la mañana siguiente al desfile del City, y además dio “me gusta” a una información de un periodista que hablaba del interés del Spurs.

El mensaje es evidente. Demasiado evidente. Un guiño público al mercado, casi un portazo a la discreción que exige un club como el City. En las oficinas no gusta. En la grada, menos. El departamento de reclutamiento invierte tiempo y recursos en analizar el carácter de los jugadores, y este tipo de gestos va justo en la dirección opuesta a lo que se espera de alguien que representa al campeón de Inglaterra.

Una venta fácil… pero nada sencilla

Desde el punto de vista económico, la operación parece tentadora. El City pagó alrededor de 30 millones de libras por Savinho. Con el Tottenham insistiendo, recuperar la inversión y sacar beneficio resulta perfectamente posible.

Para Hugo Viana, nuevo director deportivo, y para el City Football Group, sería una victoria contable rápida: transformar un activo que no ha explotado en una buena cifra de traspaso. Siempre que el dinero que llegue sea, a medio plazo, más valioso que el jugador en el que podría convertirse.

Ahí está la trampa.

Porque incluso si el City concluye que Savinho no es la respuesta para el último tercio del campo, la pregunta sigue siendo la misma: ¿quién lo es? Dejar marchar al brasileño puede solucionar una duda, pero abre otra mayor. La plantilla perdería una pieza más y obligaría a Viana y su equipo a acertar con una incorporación que llegue para marcar diferencias desde el primer día.

Un verano clave tras el cambio de ciclo

El City no necesita una revolución para seguir compitiendo por la Premier la próxima temporada. La base está. El bloque sigue siendo de élite. Pero las salidas pueden forzar una remodelación más profunda de la que el club tenía en mente.

Ya hubo una campaña de transición reciente, marcada por la llegada de muchos rostros nuevos y la adaptación a un vestuario en constante movimiento. ¿Quiere el City repetir ese escenario? ¿O, si no hay forma de evitar otro verano agitado, cómo puede convertirlo en una ventaja?

Ahí entra Savinho como caso de estudio. Su futuro no solo define un hueco en la banda derecha o izquierda. Marca una línea sobre cómo el club afronta la etapa posterior a Guardiola, con Hugo Viana bajo el microscopio y un mercado que no perdona errores.

Si el brasileño acaba en el Tottenham, el City se quedará con dinero en caja y una incógnita en el césped. Lo que haga con esa incógnita dirá mucho más del futuro del campeón que cualquier “me gusta” en redes sociales.