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Celebración del Arsenal en Londres: fiesta y desafíos

El norte de Londres se tiñó de rojo. No por sirenas ni luces policiales, sino por las bengalas y el humo que acompañaron a decenas de miles de aficionados del Arsenal en la celebración del título de la Premier League alrededor del Emirates Stadium. Una fiesta desbordada, intensa, que dejó imágenes poderosas… y también un parte de incidentes que obliga a la reflexión.

Mientras el autobús descapotable del equipo avanzaba lentamente entre cánticos, banderas y móviles en alto, muchos hinchas llevaron la euforia un paso más allá. Árboles, tejados, marquesinas de autobús, semáforos: cualquier estructura se convirtió en improvisado mirador para ver pasar a los campeones. El ambiente, eléctrico. El riesgo, evidente.

El London Fire Brigade informó de que tuvo que rescatar a “aproximadamente 75 personas” de situaciones en altura durante el desfile.

Aficionados encaramados a puntos imposibles, atrapados o incapaces de bajar por sus propios medios, obligaron a los bomberos a multiplicarse. El propio cuerpo hizo un llamamiento directo: basta de tejados, basta de jugar con la gravedad por una mejor foto del autobús.

La fiesta también dejó fuego real. Los bomberos acudieron a un hotel de la zona tras declararse un incendio en el exterior del edificio, que se cree originado por una bengala perdida. El asistente del comisionado del London Fire Brigade, Pat Goulbourne, explicó que el fuego solo causó “una pequeña cantidad de daños” en la fachada. Aun así, lanzó un mensaje claro: los efectos pirotécnicos no solo tiñen el cielo de color; también disparan alarmas, fuerzan evacuaciones y, en el peor de los casos, prenden donde no deben.

Según Goulbourne, los artefactos pirotécnicos activaron sistemas de alarma en varios puntos del área. Entre humo, sirenas y celebraciones, el contraste fue constante: una ciudad que vibraba con el éxito deportivo de su club y unos servicios de emergencia tratando de que la euforia no se convirtiera en tragedia.

El propio responsable del cuerpo de bomberos reconoció, no obstante, que el espectáculo había sido “fantástico” y destacó que la gran mayoría de aficionados celebró “de forma segura” el logro del Arsenal. La imagen dominante fue la de familias, grupos de amigos y generaciones distintas unidas por la misma camiseta.

La policía, mientras tanto, también tuvo una tarde larga. La Metropolitan Police confirmó 16 detenciones en el entorno del desfile hasta las 21.00 horas del domingo. Los motivos abarcan desde desorden público y embriaguez hasta delitos de drogas, agresión sexual y agresiones a trabajadores de los servicios de emergencia. Un recordatorio incómodo de que no todo el mundo sabe dónde termina la celebración y empieza el respeto.

La tensión subió un peldaño más avanzada la noche. Poco después de las 20.30, agentes fueron llamados a Hornsey Road por un apuñalamiento. La policía acudió junto a los servicios de ambulancia y al helicóptero médico. Un hombre fue trasladado al hospital, donde los médicos evaluarán su estado, según informó la propia fuerza. Un incidente grave que rompió, por momentos, el clima festivo en las inmediaciones del estadio.

La Metropolitan Police había desplegado a más de 500 agentes para cubrir el desfile. Un dispositivo a la altura de un club que mueve masas y de una ciudad acostumbrada a gestionar grandes concentraciones, pero que aun así se vio exigido por la magnitud de la celebración y por los excesos de una minoría.

Cuando la tarde se fue convirtiendo en noche, las calles del norte de Londres seguían llenas de camisetas rojas. El humo ya se había disipado, pero quedaba el rastro visible de la jornada: latas y botellas por el asfalto, patinetes y bicicletas eléctricas tirados en el suelo, restos de bengalas y basura acumulada en cada esquina. La resaca material de una fiesta que aún resonaba en los cánticos.

Los aficionados, muchos todavía cantando y saltando, se dirigían poco a poco hacia las estaciones de metro, estirando la celebración hasta el último andén. Entre ellos, los mensajes de los servicios de emergencia flotaban en el aire: disfrutar sí, pero sin poner en riesgo ni la ciudad ni a quienes la protegen. Porque si algo dejó claro este desfile es que la pasión por el Arsenal no tiene techo. La cuestión, a partir de ahora, es si sus seguidores sabrán dejar de subirse a él.